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LOS MODELOS DE LAS MINISTRAS VERSUS LAS MINISTRAS MODELOS?

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LOS MODELOS DE LAS MINISTRAS VERSUS LAS MINISTRAS MODELOS?

El asesinato con palabras es una nueva arma que hiere de forma mucho más espantosa que cualquier arma de acero. A una persona asesinada se la entierra en el cementerio o se la incinera y allí encuentra la paz. Pero al que han asesinado en su reputación tiene que seguir viviendo y sin embargo… ya no lo hará de la misma manera

Al final he tenido que comprar la revista VOGUE, que me ha costado 3 €, -dos revistas en el paquete: una de 298 páginas con reportajes, entrevistas, moda, etc., y la otra de 338 páginas dedicada exclusivamente a las colecciones para la temporada 2004/05- y por la que además he tenido que hacer un circuito kiosquero por toda ciudad, hasta encontrarla en un kiosco de elite, en un barrio de ídem, porque claro, este artículo va de elite. ¡Vaya éxito!, y que contentos tienen que estar los y las accionistas de Ediciones Condé Nast; de seguro que sus dividendos han aumentado considerablemente este mes. A uno de septiembre y ya no quedaban ejemplares ni en la urbe ni en los arrabales.Decía que el presente artículo va de elite porque todas –o la mayoría- de las críticas que han recibido las ministras por su pose en tan distinguida revista versa en torno a la palabra "elite" y sus acepciones: "son la más frívola imagen de la igualdad elitista", decía una diputada del PP; "…posando en una revista dirigida a una elite", aseguraba otra diputada de IU; "…a ver si el PS se quita el antifaz y dice que no representa al pueblo sino a una elite", aseveraba otra representante de Mujeres para la Democracia; otro artículo de Yahoo dice "…los grupos feministas (¿cuales?) consideran frívola y elitista el reportaje de las ocho ministras en la revista de elite Vogue".Si la envidia fuera tina, cuántos tiñosos habría…Hemos leído –y escuchado- comentarios no tanto frívolos -sí en contenido- como dañinos implícitamente, y es aquí donde quería llegar porque, está claro que nos puede o no gustar las acciones del la gente –en este caso específico de nuestras políticas- y, tenemos todo el derecho a deferir de ellas e, inclusive, a demostrar nuestra disconformidad pero, de ahí al insulto, señoras y señores, hay un abismo. Me pregunto si todo esto es producto de esta envidia colectiva y añeja que devora el alma del pueblo, de nuestro pueblo. Porque estos comentarios tienen otra función mucho más peligrosa que la de insultar por insultar.El asesinato de palabra es una nueva arma que hiere de forma mucho más espantosa que cualquier arma de acero. A una persona asesinada se la entierra en el cementerio o se la incinera y allí encuentra la paz. Pero al que han asesinado en su reputación tiene que seguir viviendo y sin embargo… ya no lo hará de la misma manera.Agapito Maestre en su artículo titulado "El espectáculo de las caipiras" y escudándose en un estudiante, en el comentario de alguien en un chiringuito de la playa y en un novelista brasileño escupe frases como: "… las fotos son una muestra de la lucha de estas mujeres porque les sea reconocido su trabajo, su inteligencia y, porqué no, también su cuerpo…". Más adelante les llama pícaras, cachondas, buenísimas esposas y todas son mejores amantes…, hasta habla de la huella que han dejado en el rostro de la vicepresidenta del Gobiernos los días de amor parisino (?)No menos hiriente es la entradilla de IBLNEWS que escribe: "las mujeres de Zapatero", o la declaración del señor Arenas "estas fotos evidencian una ostentación de poder un tanto cutre". En el mismo tono ofensivo se expresa Raúl del Pozo al decir que "…salen las alegres chicas de Zapatero con un feminismo maquillado y vocación de floreros. Eso es vanidad, socialismo de aceites'.Después de hacer daño intentamos ser graciosos y, a Carmen Rigalt, esto se le da que ni pintado. Además, como se ha convertido en una mujer de letras (?), piensa que para ello tiene que mentir e inventar historias porque cree que de no escribir así éstas serían monótonas, y se ha olvidado que hasta para mentir hay que ser modera porque el mundo también condena a los mentirosos que no hacen más que mentir. Y me explico.En su artículo, la periodista y escritora habla largo y tendido del sin precio de las fotos y del posado de las ministra y hecha en falta a la divina Sonsoles. Analiza la foto principal con pericia profesional. Después hace un análisis minucioso y concienzudo de la misma y el resultado al que llega y ofrece al lector es de cum lauden: Maleni pocas bromas, que tiene un talante recio, tirando a masculino; Elena Espinosa la tímida; Carmen Calvo antes muerta que sencilla… Y así, de esta guisa, sigue definiendo a las ministras. Y llega al punto álgido, al que yo quería llegar: "Respecto a Cristina Narbona, ¿qué hace la ministra de Medio Ambiente entre pieles…? Me lo cuente, oiga".Esta docta periodista se ha olvidado de los principios fundamentales del periodismo, el llamado Código de Prensa (que se aprende el primer año de carrera): [Los preceptos prioritarios de la prensa son el respeto a la verdad, la preservación de la dignidad humana y la información veraz de la opinión pública. Las noticias o afirmaciones publicadas –en especial aquellas relacionadas con personas— que posteriormente resulten ser falsas, deben ser debidamente rectificadas sin demora por el órgano correspondiente]. Las pieles son sintéticas señora Rigalt y esta aclaración se dijo incluso antes de que la revista saliera a la calle. Ya ven ustedes lo que pasa al echar perlas a los puercos; toda la piara ronca y gruñe y se revuelca en su cieno.Desde niña he escuchado –y sigo escuchando- que allí donde hay personas tiene que haber fricciones. Es inevitable. Que las que están arriba presionan a las que están abajo y las de abajo quieren estar arriba. Allí donde hay gente habrá siempre envidia, crueldad, estupidez y soberbia que ninguna pócima puede curar. Sí, es curiosa la osadía de algunas personillas. ¿Qué es hoy la moral? Casi nada, casi no existe."¿Para qué rascar en la purpurina? ¿Para qué analizar el oropel? Cuando la mentira es vital se defiende con entusiasmo la mentira, que casi siempre es más útil que la verdad", decía Pío Baroja. Tenía razón. Pero, la adicción a la mentira… llega a convertirse en un tratamiento caro y… Nunca sabremos el beneficio que han sacado –o que sacarán- con sus fehacientes comentarios; tan sólo queda decirles que lo que sea, pues ¡bon appétit!, es decir, que les aproveche (sin ánimo de ser elitista, por lo del francés).Como digo al principio del artículo, he tenido que comprar Vogue para saber cómo es el reportaje y el posado de las zaheridas mujeres del Gobierno. A propósito, la elitista Vogue, como menciono al principio cuesta 3,00€, Telva, que no sé si es elitista o no, junto con Marie Claire, Cosmopilitan, Elle, Woman… todas cuestan 3,00€, y son mensuales. Ahora, las revistas más vendidas -quizás por su pedagogía- como Hola, Semana, Lecturas, Diez Minutos… que son semanales, cuestan 1,80€. Una vez comparado su contenido (elitista y popular), señoras y señores que han criticado el elitismo de las señoras ministras… saquen ustedes su propio razonamiento, pero que éste sea "objetivo" (?).Sigo después de este pequeño inciso aclaratorio. He leído el reportaje de pe a pa y me parece correcto, simplemente. No veo el tal vociferando glamour de las damas. Tampoco veo que las chicas del Gobierno, esas ocho barbies ministras se hayan subido a la pasarela para mostrar su lado más fashion, ni menos aún que se crean top models; pocas top models han visto sus enjuiciadores para hacer semejante comparación. Van de mujeres, normales y corrientes que, en ese momento están haciendo un reportaje y que además, ni la ropa es glamour-osa ni pretenciosa porque, ¿si les viéramos en otro contexto pero con la misma ropa diríamos que van de pijas, elitistas, glamorosas, etc., etc.? De seguro que no. Entonces, ¿a qué tanto espaviento?Las comparaciones siempre fueron odiosas y no ha lugar comparar a las actuales ministras con las anteriores, ni a la señora Botella con Sonsoles Espinosa pero, si tuviéramos que hacerlo de seguro que encontraríamos a las primeras presidiendo y asistiendo a pasarelas very trendy & fashionable, asistiendo a inauguraciones de tiendas fashion, fashion, comprando en tiendas first class y codeándose con classy ladies…y gentlemen. Hay montañas de documentación al respecto y el algodón no engaña.Y ya, para no aburrir más al respetable, simplemente recordar a esas lenguas sintéticas que no cabe platear el tema de la duda sin haber agotado antes las posibilidades de conocimientos, y los profesionales tenemos la responsabilidad de llegar a conclusiones inteligentes.Desde marzo han ocurrido cosas que no han sido como para lanzar las campanas al vuelo, pero sí son buenas y, sin embargo, se han deslizado limpiamente por los agujeros de la memoria. Deberíamos, de vez en cuando, visitar hemerotecas también.Un tirón de orejas para el periodista de Vogue por los titulares y entradilla del mismo. "El poder y la gloria", "Ocho mujeres para la historia", "…Un retrato para Vogue y la posteridad. Las damas del poder. Viva la revolución". Diría que son un pelín ostentosas sino grandilocuentes". Charito Piedra, periodista Reportaje relacionado Sociedad Qué ven cuando las ven La visibilidad tiene su precio. Mientras en España sectores conservadores y militantes feministas se lanzaron sobre las ministras que posaron para Vogue, en Argentina una dieta exitosa y una bombacha vislumbrada en cámara pusieron sobre el tapete a Elisa Carrió y Nina Peloso. Cuando de criticar a mujeres políticas se trata, los argumentos tienen bien poco que ver con las ideas. por Luciana Peker Pelo rubio, atado (o al viento), trajecito sastre o vestido fastuoso. No hace falta decir look Evita para describir el estilo de Evita, una imagen que rompió esquemas más allá de su imagen política y que hoy en día es también una etiqueta de moda. Ya no se discute el derecho de Eva a desplegar su belleza, pero se sigue discutiendo (tanto o más) sobre el reflejo de las mujeres políticas, acá y en el mundo. Por mucho o por poco, porque se arreglan o están desaliñadas, por ser poco atractivas o demasiado sexies, por dejarse ver excesivamente frívolas o convertirse en dejadas, por estar obsesionadas con su cuerpo o ser gordas y no matarse con dietas, por fotografiarse provocativas o merecer ser tildadas de machonas. La imagen de las mujeres casi nunca deja de ser cuestionada. La última foto del escándalo fue la tapa de la revista Vogue de España, en la que las ocho ministras del primer gabinete con paridad de ese país (un hito en la historia de la equidad mundial que sólo comparte Suecia) posaron con modelos prestados para la producción por diseñadores de la talla de Valentino, Adolfo Domínguez y Armani.Más allá de las etiquetas, se veía simplemente a ocho mujeres con trajecitos blancos y negros, peinadas y maquilladas. Por esa foto, el Partido Popular (PP), hoy en la oposición, amenazó con pedir que las ministras Carmen Calvo (Cultura), Elena Salgado (Sanidad), Elena Espinosa (Agricultura), María Jesús Sansegundo (Educación), María Antonia Trujillo (Vivienda), Magdalena Alvarez (Fomento), Cristina Narbona (Medio Ambiente) y la Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, vayan a declarar al Parlamento para explicar por qué dieron la nota."Han hecho el ridículo. Es lamentable que las señoras posen para una revista muy bien peinadas, vestidas y maquilladas", acusó Mariano Rajoy, secretario general del PP. "Al 90% de las mujeres les interesa la moda. Es machista que porque seamos mujeres tengamos que justificar que vamos maquilladas", le replicó Yolanda Sacristán, la directora de Vogue. Rajoy (candidato frustrado a ocupar el sillón presidencial) subió la apuesta: "Esa foto es impropia de cualquier persona decente".Tanta indignación le habrá hecho olvidar que las ex ministras de José María Aznar, Ana Botella y Esperanza Aguirre, también habían posado para Vogue, aunque en forma individual. Y que la foto masiva se dio porque, justamente, nunca habían arribado, masivamente, tantas mujeres al poder. "Queríamos mostrar a las ocho mujeres que hay en el gabinete, muchas son recién llegadas y es interesante contar sus proyectos. Me ha sorprendido el escándalo porque nosotros queríamos hacer una foto absolutamente normal con ocho mujeres vestidas como irían a trabajar. Me da pena que si hubieran sido los ocho ministros, nadie habría dicho nada", subrayó Sacristán.Pero las críticas no vinieron sólo desde los sectores conservadores. Marisa Castro, de Izquierda Unida, fustigó: "Las mujeres no están en política para ponerse modelitos"; la Red de Asociaciones de Violencia de Género sentenció: "Las mujeres españolas no nos sentimos representadas por ese tipo de reportajes" y Cristina Alberdi, ex ministra del PSOE, se lamentó: "Como feminista de toda la vida, estoy decepcionada porque esa foto ha sido demoledora".Sin duda, el debate sobre cuál debe ser la cara (y el cuerpo) de las mujeres en el poder tiene muchas aristas y preguntas. Y, además, es una de las caras preferidas por el poder para apuntar contra las mujeres.En la Argentina, la tapa de Noticias con Nina Peloso en botas y minifalda bajo el título (exagerado) "El destape de la Evita piquetera" (si se le vio la bombacha es porque nadie en la producción, evidentemente, le avisó que se le veía y en la Argentina un poco de piel, rouge y piernas están lejos de ser una extravagancia, aun en las clases populares), la acusación a Cristina Kirchner de frívola y la resurreción mediática de Elisa Carrió a partir de su dieta que logró sacarle, paralelamente, 41 kilos, 7 talles y el mote de loca hablan de qué es lo esencial de la visibilidad femenina a los ojos de los medios. La socióloga y analista de opinión pública Graciela Romer remarca: "Uno de los atributos de los argentinos es criticar todo siempre, pero si la persona es importante se la critica más, si es mujer aún mas y, más todavía, por cualquier cosa que tenga que ver con su imagen. El componente machista en la cultura argentina es muy fuerte".Patricia Bullrich lo sabe. Cuando era Ministra de Trabajo hasta su mamá (Julieta Luro) la criticaba porque salía despeinada y a cara lavada por televisión. "Estaba todo el día trabajando. ¿Qué querían? ¿Que sacara el espejito en medio de las reuniones con los gordos de la CGT?", comentaba ella.Por eso, en su última campaña electoral, le preguntaba a su marido (Guillermo Yanco) "¿me pinto?" cada vez que se exponía a una foto. "El es más coqueto que yo", reconocía y dejaba que él le eligiera la ropa y le modernizara los cortes de pelo para no seguir siendo llamada, burlonamente, "la piba". En realidad, Patricia comenzó a militar en el peronismo, donde una mujer ultrafemenina es el modelo madre de mujer política. "La apariencia no está puesta en cuestión cuando se trata de modelos o actrices, donde el requisito de belleza forma parte de su tarea. Por eso, como Evita viene del espectáculo, ella introduce una modernización en la imagen femenina. En esa línea, el peronismo rompe con la imagen de la mujer obrera que era más desexualizada, también, por ejemplo, en la elección de las reinas del trabajo cada 1º de mayo", relata la historiadora Mirta Zaida Lobato.Casi no hay mujeres que no sean sobreobservadas por su imagen. Karina Rabolini, esposa del vicepresidente Daniel Scioli, es catalogada de excesivamente sobria porque elige trajecitos sastre que podría seguir usando dentro de veinte o treinta años. Una ex modelo que elige cuasi invisibilizarse no deja de ser mirada, lo cual no sería necesariamente malo, si esa mirada no fuera generalmente maliciosa. No bien Cristina asumió el rol de primera ciudadana, Mirtha Legrand le criticó la desprolijidad del pelo.Cristina lo cambió. Pero la mayoría de los medios ahora critican que cambió su pelo, su maquillaje, que hace dieta y gimnasia Pilates y que se viste muy sexy. Cristina es indudablemente más llamativa que otras primeras damas. ¿Eso es indudablemente malo? Sí, para muchos medios que la tildan de frívola.Aunque su gusto por la estética no es nuevo. Ya cuando era diputada había dicho: "No salgo de mi casa sin perfume aunque me vengan a buscar los marines".Si la femineidad no viene en un manual de imposiciones, la imagen personal tampoco, y cómo verse debería ser una decisión personal. Aunque, por ahora, la sociedad exige que las mujeres demuestren capacidad, y a la vez se muestren. Pero, casi siempre, les hace pagar un precio por ser visibles (¡tan visibles!). Fuente: RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina, Rosario, Santa Fe, Argentina.

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Lunes 26 de junio de 2017 - 02:20