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A VUELTA CON EL VELO… EN LAS AULAS Y FUERA DE ELLAS

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A VUELTA CON EL VELO… EN LAS AULAS Y FUERA DE ELLAS

Extremistas religiosos los hay de todos los signos y colores y ninguno tiene razón porque, la mayoría de las veces, sus teorías son fruto del resentimiento y del odio, y en las menos, de su total ignorancia. Por ende, si lo que estamos "tocando" es la mujer, sus mujeres, que dios no coja confesados, su ira es imparable. No obstante y esperando no desatar esta ira, afirmo que las religiones son arcaicas y están apolilladas. Su teoría actual no tiene razón de ser en el siglo XXI. Algo tendrán que hacer los doctores de las diferentes religiones porque los parroquianos y más las parroquianas están a punto de mandarles a freír buñuelos de viento. Y el viento se llevará los pañuelos, los velos, el chador, el hiyab, los burkas, las cruces… al país de nunca jamás de donde esperamos que nunca jamás regresen.

  En un artículo publicado en mundoarabe.org Carlo Frabetti llega a comparar el velo con la corbata. Comenta que es lamentable que las mujeres árabes tengan que llevar obligatoriamente velo en algunos países árabes. A renglón seguido señala también que en occidente la mayoría de los hombres se ven obligados a llevar corbata en su trabajo y en muchos lugares y situaciones. Y añade, cito textualmente, que la "corbata, amén de antifuncional y ridícula, es tan lamentable como el velo". Continúa manifestando el sujeto que ésta, la corbata, es clasista además de machista, argumentando que "es el estandarte del señor, que le distingue tanto de la mujer como del obrero, y junto con su inseparable chaqueta, constituye el uniforme del macho dominante"

  No vamos filosofar sobre el clasismo o no de la corbata pero sí vamos a criticar la comparación que hace entre corbata y velo: decir que la corbata es machista y tratar de ponerla a la misma altura – en cuanto a su contenido opresor- que al velo nos parece un trato banal y superfluo, por no añadir despectivo o en su defecto, una total ignorancia de la carga ideológica que rodea al velo islámico.

  Integrismo, fundamentalismo, islamismo, multiculturalismo, feminismo… palabras muy actuales, en boga, pero desgastadas por sus escribanos –en la mayoría de las veces- que, desde que abandonaron la facultad, no han vuelto a leer los fundamentos de semiótica y echan mano de ciertas palabras porque se lleva, sin darse cuenta, esperamos, del daño que puede causar su ignorancia. El velo no tiene nada que ver con la corbata ni con los zapatos de tacón, aunque éstos sean de aguja. Ninguno de estos dos últimos son signos religiosos y, todavía, no tenemos conocimiento de nadie que le hayan maltratado por no llevarlos "puestos".

  En la pasada Cumbre Internacional sobre Terrorismo de Madrid el investigador francés Pilles Kepel, experto europeo en islamismo, aseguró que el debate sobre el multiculturalismo y la integración en España no se ha planteado todavía porque la inmigración musulmana es un fenómeno reciente, pero que ha de hacerse urgentemente para que no suceda lo que aconteció en Holanda tras el asesinato del cineasta Theo van Cogh: "aquello nos trae a las mientes la época de las guerras de religión". Sí, aquellas en las que en el nombre de "el Dios único y verdadero" se mataba a diestro y siniestro; en ese Dios que no es capaz de reconciliarnos.

  Así las cosas y respetando a todos los dioses que puedan existir donde existan y, resaltando el hecho de que la historia de las religiones es también la de la intolerancia, la islámica está oprimiendo el alma y sepultando el cuerpo de las mujeres musulmanas o, ¿habría que decir que son sus panegiristas quienes están haciendo este sucio papel? Sea como fuere, el velo, está causando dolor a estas mujeres, tanto si lo llevan puesto como si no.

  Marwan Bizarra, profesor de La Universidad Norteamericana de Paris, señala en su artículo "Francia, al descubierto", que Francia, el país de moda que posee más nombres y usos para un "foulard" (pañuelo) femenino que cualquier otro, "resulta que quiere prohibir el uso del "voile" (velo) en las clases por su connotación religiosa". Y señala que tales iniciativas podrían dar popularidad a los elementos extremistas que el Gobierno quiere refrenar y controlar. "Las muchachas obligadas por los hombres a vestir el velo en público serán obligadas por otros hombres a quitárselo en las escuelas públicas".

  Gema Martín Muñoz, en su reportaje "Multiculturalismo e islamofobia señala entre otras cosas que lo que realmente es importante "es la educación de las niñas, y que es la educación lo que marca la divisoria y el futuro de esa mujer, no el que quieran llevar un pañuelo en la cabeza. Y entendamos que para muchas mujeres musulmanas que se visten así voluntariamente el significado pueda ser el de un signo de identidad cultural y no su aceptación de la sumisión a los hombres"

  José María Gelbenzu, declara en su escrito "Velo e Identidad", que si el pañuelo ostenta una creencia o una convicción no lo hace más que un "punki con su cresta, un sacerdote con su tonsura, un judío con su kipá o un seguidor del Real Madrid con su insignia y su bufanda". Y concreta el párrafo afirmando que "…esa exhibición (la del pañuelo) expresa una convicción, un orgullo, una adscripción, pero en principio no implica una agresión ni un desprecio hacia los demás, y sobre todo, no anula la personalidad de su portador; más bien la manifiesta".

  Jadicha el Azami, marroquí nacida en Tetuán y afincada en España hace 10 años, y que se niega a llevar el hiyab, exponía en el Congreso de mujeres musulmanas que tuvo lugar en Córdoba a principios de marzo, que ella se niega a llevar esta prenda porque la asfixia y no la considera obligatoria y que sólo se cubre la cabeza cuando reza. "Las obligaciones de los musulmanes son cinco: rezar cinco veces al día, ayunar en Ramadán, peregrinar a la Meca si se tiene salud y poder económico, decir la profesión de fe ‘no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta’ y dar una parte de los ingresos los pobres, si se puede, incluir cualquier otra obligación está prohibido y el uso del pañuelo no es obligatorio", concretaba.

  La periodista de la cadena árabe Al Yazira, Kawthar al Bashrawi, defiende a ultranza cubrir el cabello con el velo porque las mujeres musulmanas "tenemos dignidad, no somos prostitutas con altos salarios. Por eso me niego a maquillarme y a desprenderme del velo", confesaba indignada esta mujer a la periodista Yolanda Monge.

  Chahdort Djauann, feminista musulmana reconocida, tuvo que salir de Irán huyendo por atreverse a transgredir las leyes musulmanas que le obligaban a cubrirse con el hiyab, se pronuncia por la eliminación del velo musulmán porque "éste se configura como una violencia física y sexual hacia las niñas, dispone de sus cuerpos y define a la niña y adolescente como un objeto sexual destinada a satisfacer los deseos de los otros". Y añade: "los intelectuales confunden y abusan de su poder intelectual para sostener un discurso que no favorece a las mujeres musulmanas. Ellos suponen que todas las mujeres son felices al portar el velo, no entienden que detrás hay un padre o un hermano que las obliga a usarlo".

  Ayaan Iris Ali, es diputada holandesa y está en el punto de mira de los fundamentalistas. Junto con Theo van Gogh, escribió y realizó la película Submission, en la que denuncia la violencia que las musulmanas sufren en nombre del Islam, religión que la diputada define como misógina. Aunque reconoce que ésta tiene algunos aspectos positivos, como la piedad o la solidaridad, señala que en lo que concierne a las mujeres, "en nombre del Islam se transmiten prácticas crueles y terribles. El en Islam la mujer es propiedad del hombre, padre o marido. Ha de llegar virgen al matrimonio, crece segregada en casa, no se le permite ir al colegio. Una vez casada, si es violada o maltratada no tiene ninguna escapatoria". Añade no tener nada en contra de la religión como fuente de consolación, pero rechaza la religión como modelo de vida. Y en relación al velo, puntualiza que "si las mujeres deciden en libertad, está bien, pero hay miles de mujeres que no tienen elección"

  Un artículo de opinión en el The New York Times, titulado "A Threat to Iraqui Women", plantea qué va a pasar después de que los kurdos y los partidos religiosos Shiites (' partidarios') alcancen un trato final. La conclusión a laque llega la periodista es que llegados a este punto son las mujeres, principalmente, las que deben preocupare más. Continuaba el artículo diciendo que la dictadura del sádico y asesino Saddam Hussein no era un paraíso feminista, pero las mujeres iraquíes tenían más o menos acceso a una educación profesional o personal, oportunidades que les eran negadas a muchas de sus hermanas en los países vecinos árabe-islámicos. Ahora, el futuro de estas libertades es una seria pregunta. El bloque dominante de los partidos religiosos Shiite junto con su candidato a primer ministro, Ibrahim-al-Jaafari, quiere que la nueva constitución Iraquí esté directamente inspirada en las enseñanzas religiosas islámicas derivadas del Coran.

 

  Los partidos seculares kurdos, cuyo acuerdo es necesario para formar un gobierno mayoritario tienen la mayor influencia para resistir a estas presiones religiosas. Pero, el foco de atención de los kurdos es maximizar su propia independencia religiosa. Y si los kurdos les ceden las secretarías de educación y asuntos de la mujer, estarán remitiendo a las mujeres iraquíes a una vida de subyugación y a millones de seculares, mujeres y hombres, a un futuro tan sombrío como el de Irán.

  ¿Qué conclusiones podemos sacar después de esta breve incursión en los diferentes puntos de vistas plasmados en el papel de los diversos y variopintos diarios consultados? Ustedes no sé pero, una servidora ha llegado a la conclusión de que, como siempre, el mundo masculino se siente en el deber de decidir por las mujeres, tanto por las que consideran propias como por las ajenas. Y esto ha de terminar.

  Quiero que esos fanáticos nos digan – y muestren- dónde está escrito con puño y letra de Alá, Dios, Yahvé, Indra o Zeus que las mujeres deban portar esta o aquella prenda, que las mujeres debamos o no abortar, estudiar magisterio o arquitectura, o ejercer de pedagogas o de ingenieras de telecomunicaciones. Quiero que esos y esas intelectuales demuestren cómo una prenda puede marca la identidad cultural de algunas mujeres. Quiero que digan por qué mi diversidad cultural europea no me es permitida mostrarla, por ejemplo, en algunos países árabes. Quiero que me digan por qué tenemos que ser respetuosos con culturas que machacan la integridad – física y psíquica- de las mujeres. 

  Hablamos de respeto hacia otras culturas pero, qué debemos interpretar las mujeres cuando escuchamos afirmaciones como las de la periodista Kawthar al Bashrawi, que manifiesta que "las mujeres musulmanas "tenemos dignidad, no somos prostitutas con altos salarios". Por eso me niego a maquillarme y a desprenderme del velo". ¿Trata de decir que todas las mujeres que no se comportan /visten como ella no son mujeres íntegras, dignas o respetables? Un poco más de respeto por sus congéneres, señora. Que el hábito no hace al monje. Y otra cosa señora al Bashrawi, las prostitutas son mujeres que merecen tanto respeto como el que se le deba dispensar a usted y, por mi parte, mucho más.

  Se pide a los países occidentales que sean respetuosos con las costumbres de los inmigrantes pero, ¿se les pide a los mandatarios de esos países, con la misma energía, que cumplan con los mismos preceptos? ¿Se pide a Arabia Saudí que respete los derechos humanos de las mujeres que ni pueden votar, donde a veces se les prohíbe dar clase en las universidades o acceder a carreras como ingeniería, arquitectura , arqueología, derecho…, por nombrar algunas, o cosas tan simples como acudir al cine, teatro o conciertos?. Occidente es íntimo amigo de la monarquía absolutista Saudita y algunos monarcas europeos pasean del brazo con el absolutista tirano yrey Fahd.

  En Dubai una empleada de hogar ha sido condenada por un tribunal de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) a recibir 150 latigazos por quedarse embarazada sin estar casada y bien, gobernantes de occidente no han dicho nada de nada y los intelectuales… sí, algún pequeño escrito ha salido en prensa.

  Las mujeres argelinas se quedaron con la boca abierta: el proyecto del nuevo código de familia recién aprobado por el Consejo de Ministros y que será adoptado en breve por la Asamblea Nacional, no sólo no equipara a hombres y mujeres, sino que las argelinas seguirán necesitando la aprobación de un tutor masculino para poder casarse, aunque ésta sea adulta.

  Señoras y señores intelectuales, seamos honestos: es muy fácil exigir derechos, pedir respeto o rasgarse las vestiduras –expulsión en Francia a las mujeres que acuden a clase con el hiyab- en países donde la democracia funciona más o menos pero, para que el "compromiso" sea real, se ha de ir más lejos e implicarse con las dificultades pues desde los países occidentales también se puede criticar a esos despóticos mandatarios y se puede obligar a los nuestros – o por lo menos criticarles- a que expongan su repulsa hacia sus arcaicas y absolutistas leyes o expresar su reprobación por el comportamiento denigrante que tienen hacia sus mujeres. Sería todo un detalle.

  Telly Naar, una marroquí de 65 años y que lleva en Francia 40 años, explicaba a un periodista: "Llegué a Francia y me adapté a este país. Cada uno debería practicar la religión en casa. Si uno desea vestir un velo en la cabeza, está bien, pero no dentro de una escuela que es laica. No hace falta ir ostentado la fe de cada uno por la calle. Uno debe saber lo que es sin tener que ir pregonándolo por ahí. A Dios no le hace falta publicidad".

¡Ese dios que no es capaz de reconciliarnos!

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Domingo 25 de junio de 2017 - 14:11