Se entiende que es normal que un chico sea agresivo o valiente o fuerte
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La violencia contra las mujeres: un análisis desde la perspectiva educativa.

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La violencia contra las mujeres: un análisis desde la perspectiva educativa.

La violencia es un fenómeno social que ha estado siempre presente en la historia de la humanidad, la cual ha transcurrido marcada por numerosos sucesos violentos: guerras, revoluciones, terrorismo, violaciones, torturas, entre otros. El recurso a estos medios se ha justificado principalmente para la obtención de los fines que en cada momento se perseguían, ya fueran políticos, territoriales, religiosos, económicos, sociales o étnicos.

Tanto agresividad como violencia son formas de comportamiento estereotipados desde la perspectiva de género, es decir, están asociados a los hombres en la mayor parte de las culturas conocidas, aunque esto no implica la defensa del supuesto carácter innato de ambas, sino una socialización diferencial de hombres y de mujeres. Todas las personas estamos expuestas a estas diferencias en la socialización en función del sexo al que se pertenece, desde el momento del nacimiento; puesto que una persona es enseñada a ser hombre o mujer de diversas maneras y por diferentes personas, instituciones y medios (familia, escuela, las y los iguales, entorno, medios de comunicación, etc.) y cada persona hace suyo, en diferentes niveles, el conjunto de mandatos de género y cada mandato en particular"1. Así, dependiendo de la pertenencia a un sexo o a otro, la sociedad, en función de este mandato de género, espera un tipo de respuestas u otras, según se sea mujer u hombre.

Existen una serie de comportamientos que se interpretan frecuentemente, como normales en los varones; por ejemplo, la fortaleza física, la falta de emotividad y de capacidad para empatizar, la competitividad, el gusto por el riego, la valentía. Todas éstas son características no solo valoradas para los hombres sino que, por el mandato de género, "se les supone", y si se duda de que las tengan, con ello se pone en duda también su masculinidad; una mentalidad que fomenta relaciones de dominación respecto a las mujeres, pues "se favorecen ideas de superioridad y se crea en ellos expectativas de obediencia en la mujer, de modo que pueden percibir la autonomía de estas como un atentado a su masculinidad"2.

Por otro lado, al convertirse la agresividad en característica del varón, el sistema patriarcal la realza, la justifica e incluso la valora como importante para el desarrollo del progreso humano. Como afirma Victoria Sau: el hombre es más agresivo que la mujer. Esto es cierto, pero no por razones biológicas u hormonales sino históricas y sociales. (...) hace falta más agresividad para ser sometedor, el que invade, el que conquista, el que derriba, el que inferioriza, necesita agresividad para hacerlo y para mantenerlo en el tiempo"3. Se puede afirmar por tanto que el modo en el que se concibe y se justifica la violencia sexista, ha sido históricamente construido y legitimado por el patriarcado.

De este modo, en edades muy tempranas, ya se observan situaciones de violencia contra las chicas, que tienen que ver con la socialización diferencial que reciben fuera y dentro de la escuela4. Cuando las niñas y los niños son escolarizadas, ya han aprendido ciertos roles acordes con los estereotipos de género dominantes en la sociedad, pues es en el seno de la familia y en la etapa más temprana de escolarización5 donde se inicia el proceso de socialización de género. Como resultado de esta socialización diferenciada, en la infancia, se aprenden una serie de normas sobre lo que debe entenderse por lo masculino y por lo femenino, es así como se aprenden y se hacen naturales ciertas normas de comportamientos que limitan y nos indican el conjunto de acciones legitimas que podemos realizar en cada situación social6.

Este fenómeno sucede de manera paralela a la construcción de la identidad, femenina o masculina, así cuando se enseña a los chicos a ser fuertes, valientes e independientes, y a las chicas a ser sumisas, delicadas y débiles, también se les está atribuyendo identidad, a la vez que proporcionándoles ciertas reglas de comportamiento. Por otra parte no hay que olvidar que la violencia se aprende, es decir es producto de la cultura y de la sociedad; si niñas y niños van asimilando unos roles en los cuales la mujer es desvalorizada, humillada y aprenden a basar la relación entre ambos sexos en la dominación y la fuerza, si no se hace nada por evitarlo, éste será el tipo de relación que ellas y ellos establecerán en un futuro.

Este aprendizaje es adquirido en sus inicios dentro de la propia familia; de esta forma, los modelos familiares y los roles sexuales transmitidos en la educación más primaria de las personas, van marcando distinciones entre ganador-a/perdedor-a, viril/femenino, fuerza/debilidad, etc. teniendo como base el código patriarcal como forma de entender las relaciones entre hombres y mujeres.

La violencia contra las mujeres por tanto se reproduce por el proceso de condicionamiento social que tiende a mostrar a los hombres como seres fuertes, protectores, que toman decisiones y poseen propiedades, mientras que muestra a las mujeres débiles, frágiles, cargadas de ocupaciones cotidianas propias de la vida familiar, -devaluadas para el código patriarcal- dependientes y en suma vulnerables y víctimas propiciatorias. Todos estos son estereotipos basados en prejuicios que pretenden justificar la opresión sexista7.

Hay que tener en cuenta al analizar la violencia en el ámbito escolar, que el grupo de niños trae afianzado el modelo masculino, que tiene como uno de sus principios básicos la superioridad respecto al femenino y en este contexto no suelen triunfar, pues las niñas son mejores estudiantes8; entonces se sienten incómodos, no entienden la situación y reaccionan violentamente, que es como les ha enseñado el patrón masculino. Se comportan de este modo para llamar la atención y para tratar de dominar la situación y controlarla.

Esta forma de convivencia contribuye a que las niñas aprendan a asumir como normales ciertas situaciones que no lo son, que tienen en su base relaciones desiguales; al mismo tiempo, los niños aprenden el uso de la violencia como manera de control sobre las demás personas y como forma de poder para conseguir aquello que quieren. Se socializan en el uso del espacio, del tiempo y de los recursos como algo propio, por lo que viven el reparto del mismo como una injusticia, como algo innecesario que va en su contra, no reconociendo la injusticia de esta manera tan desigual de vivir las instituciones escolares.

Todo ello unido al hecho de que niños y niñas aprenden a resolver conflictos observando cómo los mayores los resuelven y la violencia, que es, un comportamiento aprendido, se aprende observando cómo los padres, los hermanos mayores o los vecinos, se relacionan entre ellos y cómo lo hacen con las mujeres. Se aprende viendo televisión, viendo determinados dibujos animados, películas o programas de televisión9. Las niñas y los niños aprenden que la violencia forma parte del mandato de género masculino, se entiende que es normal que un chico sea agresivo o valiente o fuerte10.

Es de este modo como los centros educativos, y otros ámbitos sociales, colaboran a que se perpetúe la violencia contra las mujeres. En los grupos de iguales esa violencia se reproduce, y se socializa tanto a chicos como a chicas, a ellos para ejercerla, a ellas para asumirla11; se puede afirmar que son frecuentes en los Centros educativos las siguientes conductas violentas de interrelación entre chicos y chicas12:

• Insultos verbales con contenido soez.

• Menosprecio intelectual

• Piropos soeces durante las clases y durante la realización de actividades académicas.

• Valoración de las chicas como objetos sexuales.

• Lanzamiento de rumores indignos que atentan contra la intimidad y la integridad moral de las chicas.

• Menosprecio de las chicas cuando éstas no siguen el mandato de genero en cuanto al aspecto físico.

• Chantaje emocional y hostigamiento psicológico en la iniciación sexual.

• Exclusión social por no seguir el mandato de género en lo que se refiere a juegos y a prácticas deportivas.

• Intimidaciones, acoso psicológico mediante obscenidades.

• Intimidación sexual de forma indirecta por diversos medios como papelitos, el móvil, los chats, el portero de casa, persecuciones, etc.

• No respeto del espacio vital y social al que las niñas tienen derecho.

• Abusos físicos.

• Acoso físico.

• Agresiones directas interpersonales y en grupo.

Del mismo modo se puede afirmar que desde edades muy tempranas en el contexto escolar:

- Las relaciones son sexistas y estereotipadas según los esquemas del patriarcado.

- Se esperan comportamientos diferentes, en función del sexo, en la iniciación afectivo-sexual.

- Se atribuyen mayoritariamente las agresiones a características individuales, eludiendo la verdadera base del problema.

- Se asume como valida la objetivación del cuerpo de la mujer.

- Son distintas las medidas que debe adoptar la victima, tras una agresión, siendo más efectiva cuando la victima es un chico

Ante este panorama, se hace urgente y necesario plasmar una propuesta de intervención educativa encaminada a la prevención de este tipo de fenómenos, como medio para paliar las terribles consecuencias que tiene para las mujeres este tipo de comportamientos. Es decir teniendo en cuenta que existe un itinerario hacia el maltrato se propone intervenir en el comienzo del mismo13.

Importancia de la prevención: apoyo político.

Legados a este punto, podemos reconocer la prevención de este tipo de comportamientos desde el ámbito educativo, como un aspecto de vital importancia para avanzar en la erradicación de la violencia contra las mujeres, y así lo demuestra el hecho de encontrase recogido como aspecto fundamental en todos los planes que las instituciones europeas han puesto en marcha, para avanzar en esta línea14, al establecerse como aspecto básico en la definitiva consecución de la Igualdad de Oportunidades, y por ser fundamental para el definitivo reconocimiento, en la practica, de los derechos de las mujeres como derechos humanos.

En esta línea, entre las medidas propuestas por los Estados Miembros de la Unión Europea15-16, para luchar contra la violencia hacia las mujeres, respecto a la prevención educativa, se encuentran las siguientes:

* La necesidad de modificar los modelos y prejuicios sexistas basados en la idea de la inferioridad o superioridad de uno u otro sexo.

* Despertar la conciencia de que la violencia contra las mujeres constituye una violación contra sus derechos humanos.

* Sensibilizar contra los efectos negativos de la violencia en la familia, en el entorno y en la sociedad.

* Enseñar a construir tanto la igualdad como el respeto a la diferencia en la práctica, a través de experiencias de colaboración entre chicas y chicos, basadas en el respeto mutuo y en el fomento de las relaciones equitativas y la comunicación sin violencia.

* Incluir la lucha contra el sexismo y la violencia en el currículo escolar, enseñando a detectar y a combatir los problemas que conducen al sexismo y a la violencia contra las mujeres.

* Eliminar el acoso y otras formas de violencia de las instituciones educativas.

* Favorecer la superación de lo diversos componentes del sexismo y la violencia contra las mujeres, estimulando cambios cognitivos, emocionales y de comportamientos, a través de experiencias que permitan desarrollar con la practica alternativas a los problemas que se quiere prevenir.

* Asesorar a las víctimas de la violencia, actuales o potenciales para que puedan protegerse de las agresiones.

* Desarrollar instrumentos que permitan detectar, desde la escuela, a las/los niñas/os y adolescentes que pueden haber estado expuestas/os a situaciones de violencia, para interrumpir dichas situaciones, paliar sus efectos y prevenir la tendencia a su reproducción posterior.

Pero no es únicamente desde las instituciones europeas desde donde se comparte la idea de la educación como clave fundamental para prevenir la violencia contra las mujeres, ya que la población en general considera la educación como una herramienta fundamental para combatir las actitudes y las conductas que llevan a perpetuar el sexismo y la violencia contra las mujeres de generación en generación17. Esta preocupación, se traslada también a los diferentes organismos e instituciones competentes, nacionales, autonómicas y locales, lo cual queda plasmado al recogerse como aspecto objetivo en los diferentes planes de igualdad de oportunidades que desarrollan18.

Seguidamente se presenta el desarrollo de las líneas fundamentales que se deben tener presentes para la prevención de la violencia contra las mujeres desde edades infantiles, lo que repercutirá a la vez en la disminución de comportamientos y actitudes violentas en la edad adulta, tanto en lo que se refiere a la no ejecución de dichos actos por parte de los varones, como en lo que se refiere a la tolerancia cero por parte de las mujeres y de la sociedad en general.

Texto: Mónica Guerra García Universidad de Sevilla

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