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OXÍMORON

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¿Qué sería, de verdad, una mujer respetada? OXÍMORON

Ahora está de moda esta palabra entre los comunicadores. Es tan antigua como la pana, pero seguramente alguien, más o menos famoso, la usó e hizo fortuna. Consiste en unir dos conceptos opuestos en una sola expresión, induciendo así a la creación de una tercera realidad que dependerá de la interpretación del lector.

Expresiones como "sol negro", "oscuridad resplandeciente", "silencio atronador", "realidad virtual" o "mundo inmundo" constituyen diversos oxímoron. Como veis, están formados por términos contrapuestos, irreconciliables, salvo poéticamente, sugiriendo así una tercera realidad imaginada. En torno al oxímoron han surgido una serie más sarcástica de pares irreconciliables (en la realidad) de conceptos como "guerra humanitaria", "banquero honrado", "armas inteligentes", "libre mercado" y cosas por el estilo, pero repasando las noticias de nuestro "mundo inmundo", creo que existen en la realidad oxímoron que no lo son en el lenguaje, pero sí en el devenir cotidiano.

Desgraciadamente, uno de esos oxímorones que nos presenta continuamente el acontecer real es el de "mujer respetada". Creo que es casi imposible encontrar una conciliación entre ambos términos, que resultan, de hecho, incompatibles. No hay ley que pueda superar esta contradicción: ni de violencia de género ni de igualdad ni de conciliación ni de interrupción voluntaria del embarazo…. El quid está en otro lugar. En cuanto se habla del respeto a la mujer en el Patriarcado, enseguida aparecen los velos, los trapos, el aislamiento, el encierro, las celosías, la familia sagrada, la virginidad obligatoria, la santa madre y todo ese vertedero de hipócritas mentiras, ya que en esos recintos cerrados se viola, se abusa, se maltrata, se explota, se utiliza y se desprecia a las mujeres.

¿Qué sería, de verdad, una mujer respetada? En primer lugar, una igual, sin que el sexo estuviera en primer plano; sería una persona escuchada porque tal vez pudiera decir cosas inteligentes; según su valía, podría ser reconocida profesional, artística o deportivamente y no sólo por su físico; ejercería de interlocutora habitual en temas políticos, culturales o económicos; aparecería en todas las fotos de gente importante, tanto de la política como de las finanzas y no como consorte, claro; su vida privada sería algo irrelevante para los medios; sus nombres aparecerían mucho más profusamente en los libros de historia, de literatura, de arte…..

Sucede que la presión socio-cultural y mediática fuerza a las mujeres a presentarse, en primer lugar, como cuerpo sexuado, de modo que cualquier cosa que hagan o digan será irrelevante, por muy inteligente que sea; si una escritora, una ministra, una intelectual, una artista se presentan con las tetas por delante (como está ahora de moda) ningún varón va a escuchar lo que diga, porque su vista estará centrada donde le interesa (y ya sabemos que les resulta muy difícil hacer dos cosas a la vez); más grave aún si aparecen con una voz en exceso aguda o tímida, lo que no resulta nada interesante ni refleja autoridad. Mientras sigan proliferando los culebrones y los programas del corazón, cualquier ley a favor de las mujeres será ineficaz, ya que los varones, desde niños, estarán contemplando imágenes de mujer como puro objeto sexual, como seres neurotizados por dependencias afectivas para quienes el amor lacrimógeno y sumiso lo es todo en la vida.

De momento, "mujer respetada" constituye un oxímoron con dificultad para generar un tercer término que supere esa contradicción en el plano de lo real. El orden simbólico patriarcal, que reconduce el imaginario masculino, tiene mucha más potencia que todas las leyes juntas.

Seguiremos igual… o peor.

VICTORIA SENDÓN

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Jueves 20 de julio de 2017 - 22:43