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Ségolène Royal, las mujeres y la política

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Ségolène  Royal, las mujeres y la política

Mujeres de Francia, tomemos la última Bastilla"

LE MONDE 30.04.07 14 hrs01. Puesta al día 30.04.07 17 hrs.23

Por vez primera en la historia de Francia hoy, una mujer tiene posibilidades para conquistar democráticamente el símbolo mismo del poder político que es el Elíseo. Si el 6 de mayo Ségolène Royal es elegida, gracias al sufragio universal, llegará a ser quien presida el consejo de ministros, la jefa de los ejércitos, la inspiradora de la política internacional y la garante de la independencia de la magistratura, funciones todas reservadas durante mucho tiempo a los hombres. Mujeres de Francia, tomemos la última Bastilla" proclamaban varias organizaciones de mujeres y convocaban el martes 1 de mayo a una concentración festiva a favor de Ségolène Royal.

En Francia las mujeres han adquirido muy tarde el derecho al voto, ha sido necesario esperar la disposición legislativa firmada en Argelia, el 21 de abril de 1944 por el general de Gaulle, para que las mujeres pudieran ser "electoras y elegibles en las mismas condiciones que los hombres". Durante el debate en la Asamblea consultiva provisional que precedió esta disposición, la pequeña revolución del derecho al voto de las mujeres, anunciada por el diputado comunista Fernand Grenier fue adoptada solamente por 51 votos frente a 16. "¿Piensan que puede ser suficientemente prudente en un periodo tan agitado como el que vamos a atravesar, lanzarnos al vacío en la aventura que representa el voto de las mujeres? Se preocupaba Paul Giacobbi que presidía la comisión legislativa.

Este gesto a favor de la igualdad llegaba mucho más tarde que en la mayor parte de las democracias. Las neozelandesas votaban desde 1893, las australianas desde 1902, las finlandesas desde 1906, las danesas desde 1915. Al día siguiente de la primera guerra mundial, Gran Bretaña, Alemania y Austria celebraron la participación de las mujeres en el esfuerzo que habían en la guerra concediéndoles el derecho al voto y, en 1924, Mongolia había sido el primer territorio asiático que concedió  el derecho al voto a las mujeres. A estos países pioneros se les habían unido, en el periodo de entre guerras, el Líbano, Turquía, España, Brasil o Uruguay.

Francia, prudentemente, había quedado fuera de este movimiento. La politóloga Mariette Sineau, en Mujeres, género y sociedades, el estado del conocimiento (colectivo, editorial La Découverte, 2005) señala La democracia francesa ha sido más lenta que otras para integrar la idea de la igualdad política entre los sexos Pionera de Europa para reconocer el sufragio "universal" masculino (1848), ha sido la última junto con Bélgica e Italia, en reconocer el voto femenino. Además lo hizo mediante una disposición legislativa y no mediante votación en el Parlamento.

En Francia, las relaciones entre las mujeres y la política han estado marcadas durante mucho tiempo por desencuentros. Al final del siglo XVIII, la Revolución proclamó los derechos del hombre y del ciudadano, prohibió cualquier diferencia entre los sexos en relación con la herencia e instauró el divorcio civil, pero denegó el derecho al voto de las mujeres. En 1973 el diputado Jean-Baptiste Amar afirmaba Los derechos políticos del ciudadano son discutir y obligar a tomar decisiones relativas al interés del Estado mediante deliberaciones comparadas y hacer frente a la opresión. ¿Tienen las mujeres la fuerza moral y física que exige el ejercicio de uno y otro derecho? La opinión universal rechaza este derecho

Medio siglo después, los revolucionarios de 1848 habían proclamado la República y reconocido, por primera vez, el sufragio "universal" pero excluyeron a las mujeres. "El socialista Pierre-Joseph Proudhon en 1849, escribía en El Pueblo, la igualdad política entre los dos sexos, es decir la equiparación de la mujer con el hombre en la función pública, es un sofisma que rechaza no sólo la lógica, sino también la conciencia humana y la naturaleza de las cosas. El hogar y la familia, ese es el santuario de las mujeres.

Durante el periodo de entre guerras, mientras que todos sus vecinos admitían poco a poco el derecho al voto de las mujeres, Francia estuvo titubeando: desde 1919 a 1935 la Asamblea de diputados examinó cinco propuestas de ley pero todas fueron rechazadas por el Senado. En 1936, durante el periodo del Frente popular, el gobierno de Leon Blum hizo un gesto al acoger, por vez primera, a tres mujeres, pero el derecho al voto había sido una vez más rechazado: Irene Joliot-Curie, Suzane Lacore y Cecile Brunschieg fueron nombradas sub-secretarias de Estado para la investigación científica, la salud pública y la educación nacional; sin embargo no tenían derecho a participar en las elecciones...

Hoy la ley de igualdad votada a iniciativa del gobierno Jospin en el 2000, ha permitido feminizar la vida política: en las asambleas elegidas mediante sufragio -como son los consejos regionales y los municipales de ciudades de más de 3.500 habitantes- las mujeres representan, desde entonces, más del 45% de los miembros elegidos. Por el contrario el aspecto de la Asamblea nacional no ha cambiado casi nada: el Palacio-Bourbon tiene solamente un 12,3% de mujeres, lo que lo coloca en el 88 puesto mundial, muy por detrás de Bulgaria, Etiopia, Pakistán o Senegal. Los partidos han preferido pagar las multas antes que promover a las mujeres: en 2005, la desobediencia a la ley de la paridad ha costado 4.2 millones de euros a la UMP y 660.000 al UDF...

UN CLUB MUY SELECTO

 En Francia, la paridad está lejos de ser admitida sin conflicto. Cuando no existe obligación, los partidos políticos continúan practicando la cultura de entre nosotros que sigue siendo muy masculina:  En los consejos generales y en los ayuntamientos, donde la paridad no se aplica, las mujeres representan menos del 11% de las elegidas y sólo una mujer, Ségolène Royal, ha sido elegida en 2004 a la presidencia de un consejo regional. En "Mujeres, género y sociedad, el estado de los conocimientos", la politóloga Janine Mossuz-Laval señala: "persiste una discriminación que golpea a las francesas, aunque es cierto que recientemente se han realizado progresos".

A pesar de la resistencia, y en todos los países del mundo, las mujeres se imponen poco a poco en la escena política. En 2007, el porcentaje de mujeres en el Parlamento (17%) ha alcanzado un record histórico. Si la señora Royal es elegida presidenta de la República, el 6 de mayo, formará parte del club -todavía muy cerrado- de las siete mujeres jefes de Estado del planeta: Michelle Bachelet, (Chile), Tarja Halonen (Filandia), Michäelle Jean (gobierno general de Canadá), Mary Mc Aleese (Irlanda), Vaira Vike-Freiberga (Letonia), Ellen Johnson Sirleaf (Liberia) y Glotria Arroyo (Filipinas). El club de mujeres jefas de gobierno, al que pertenece Ángela Merkel, tiene así mismo sólo siete miembras.

Por: Anne Chemin

Artículo publicado: en la edición del 2.05.07

Traducido por: Olivia Potel Aguilar

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