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El bagaje colonial del desprecio misógino

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Se había abierto la caja de Pandora del desprecio misógino El bagaje colonial del desprecio misógino

Pensábamos que Francia era más civilizada. La candidatura de una mujer a la presidencia de la República muestra un país más bien atrasado y fútil

Hace unos meses, parecía que todo el mundo estaba de acuerdo en reconocer que la candidatura de una mujer a la magistratura suprema no planteaba problema alguno. Angela Merkel y Michele Bachelet demostraban cada día que una mujer es un hombre como los demás. Más adelante empezaron las frases agresivas, primero suaves que fueron creciendo poco a poco después. Se había abierto la caja de Pandora del desprecio misógino. No es una caja, es una maleta de tamaño colonial, un bagaje aplastante.

Me dicen que, todos los días se oyen comentarios que tienen el nivel de lo que los hombres se cuentan en los vestuarios de un club de deporte. Lo más sorprendente, es que quienes los hacen estén tan orgullosos de ellos mismos. Tan seguros de su legitimidad y de su derecho. Abundan los motes: "Bécassine" es de los más amables. Los calificativos indeseables plantean el problema de no poder ser refutados, y su continua repetición los refuerza.

En absoluto esperaba que la sociedad francesa fuera tan escasamente evolucionada, tan escasamente mixta, tan poco civilizada. En cambio, en el ámbito privado, los hombres aprecian a las mujeres inteligentes con las que pueden intercambiar opiniones.

Nunca se oirá cotillear sobre la supuesta sexualidad de un candidato, pero lo que se oye sobre las mujeres candidatas… ¡Sinceramente me da asco! No conozco a Ségolène Royal, pero me siento personalmente humillada por lo que se dice de ella hoy en día. Su forma de vestir es objeto de continuos comentarios, que si lleva tacones o no, que si se pone medias o ahora no, que si podría vestir con pantalón "dicen que una vez los llevó", el blanco no le va, el rojo cansa, el negro es demasiado negro, el azul es cursi. Es terrible ver como esta mujer es atacada constantemente por su apariencia. Dentro de un buen humor general, el consenso al fin encontrado.

Cuando promete que su primera acción será luchar contra la violencia de género, es gratificante. Que no digan que ya existen leyes para ese tema, no es cuestión de leyes sino de voluntad política. Todo lo que se dice de ella, de su voz, de su cabello, de sus pendientes, de su sintaxis, de sus equivocaciones, de su cabezonería, de su sentido de la compasión o de su dureza, se dice para desaprobarla, para mostrar que no tiene sitio a la cabeza del Estado.

Una vez más el techo de cristal quedará patente. No existe otra explicación para el amor que desde entonces rodea a François Bayrou, para la atención que suscita. Ha dicho, creo, que su masculinidad es reconocida por todos.

Ségolène Royal es inteligente, competente, segura. Exactamente eso es lo que exaspera. Dentro y fuera del partido socialista. Se oye decir a los jóvenes: "nos va a poner derechos, ya no será divertido." ¿A sí?, ¿por qué? Tienen miedo, no saben de qué pero tienen miedo. Por eso desprecian, el miedo y el desprecio son los dos sentimientos que definen el racismo, parece que vivimos en un país atrasado.

Pero esto no es todo y no es lo peor. Existen mujeres, feministas de primera hora de edad avanzada, que declaran que nunca, nunca votarán a esta persona, no les parece bastante simpática. Dicen que perjudica la causa de las mujeres. ¡

Es increíble! El masculino es general, el femenino es particular. Todos los esfuerzos de la candidata para evitar este "efecto de género" fracasan y se hunden en la infinita variedad de comentarios de los consumidores.

Hubo un tiempo en el que se decía: lo privado es político." Como todo, siempre, se convierte en su contrario, hoy en día la política se reduce al sentimiento privado, al capricho individual, al me gusta/ no me gusta, al consumismo y a la frivolidad definitivamente sexista. Los hospitales cierran y nosotros hablamos de faldas.

Geneviève Brisac- Escritora

Debates

Publicado en: Le Monde - 21 de marzo de 2007

Traducido por: Olivia Potel Aguilar

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