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Prostitución: ¿un estilo de libertad sexual?

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Prostitución: ¿un estilo de libertad sexual?

"La prostitución no es una idea. Es la boca, la vagina, el recto, penetrado generalmente por el pene, a veces las manos, otros objetos, por un hombre, y entonces otro y otro y entonces otro y entonces otro y entonces otro. Eso es cual es". Así definía la prostitución la feminista, escritora y luchadora Andrea Dworkin que vinculaba la pornografía y la prosatitución a la violación y a la violencia. Dworkin murió en Washington DC el pasado mes de abril.

... Muchas veces retorna en el despertar lento aquel olor deshecho de flores lejanas, y deestablo, y de sol. Mas no hay hombre que sepala caricia sutil del amargo recuerdo.No hay hombre que adivine en el cuerpo extendidola infancia transcurrido en el ansia inexperta.(La ramera Campesina -1937. Cesare Pavese)

  Desde la Convención para la Represión de la Trata de Seres Humanos de 1949, se considera que la prostitución es incompatible con la dignidad y el valor de la persona porque entraña la violación de sus libertades y derechos fundamentales, tales como el derecho a la intimidad y a la integridad física. Por otra parte, la Carta Universal de Derechos del Hombre reconoce el derecho de toda persona a no ser sometida a esclavitud, servidumbre, tortura ni tratamiento degradante y, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas informa sobre la represión y la abolición de la trata de seres humanos y de la explotación de la prostitución. La Plataforma para la Acción de la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres que se celebró en Beiging, China, en 1995 tenía entre sus objetivos la eliminación efectiva del tráfico de mujeres y niñas para el comercio sexual y la prestación de asistencia a las víctimas de violencia derivada de esta actividad y de la prostitución. Al día de hoy, la prostitución, mal que nos pese, es como una bola de nieve imposible de parar. Se ha de actuar sobre las causas de la exclusión social y no sobre una de sus consecuencias, la prostitución. Y esto no se está haciendo.  Decía Wassyla Tamzali, argelina, feminista y ex directora de los Derechos de la Mujer en la UNESCO que había que combatir la prostitución globalmente en nombre de la ética porque la prostitución va más allá: 'luchar contra la prostitución es hacer valer una visión del mundo en donde vivimos'.  Cuando hablamos de la prostitución no significa que hablemos de la mujer que ejerce la prostitución, sino que lo hacemos de todos nosotros, de nosotras, de ella, de todo nuestro entorno, es un acto donde el cuerpo se encuentra disponible a cualquiera. En los 70 –y actualmente también- algunas feministas decían que 'el matrimonio es una prostitución legalizada'. No hay que equivocarse. Tenemos que tener una visión de cómo se puede comprar el cuerpo del ser humano, sea hombre o mujer. Lo fundamental no es saber si las personas que ejercen la prostitución están contentas o no, porque el peligro estriba en si hay posibilidad de vender un cuerpo humano, y este peligro está para todos nosotros, para nuestras hijas, para todos nuestros hijos.  Sabemos de círculos que defienden teorías que apoyan la prostitución y hemos escuchado hasta la saciedad comentarios ridículos como 'si no hubiera prostitución las mujeres honestas serían violadas' o aquellos otros que afirman que 'la prostitución es una forma de libertad sexual'. Pero, semejantes ideas se caen por su propio peso porque la prostitución no evitará jamás las violaciones y la prostitución, ¿para quién es un acto de libertad sexual? Seguro que no lo es para la prostituta ni tampoco lo es para el cliente, porque en este acto hay violencia sexual y no sexualidad. La libertad sexual conlleva la libertad del individuo. No podemos -ni debemos- ser tan osadas como para que nuestras manifestaciones sienten cátedra, pero quizá prueben que la única manera de ayudar a las prostitutas es decir claramente que estamos en contra de la prostitución, luchar contra ella y hacer un mundo sin prostitución.  A pesar de la fuerte oposición que sigue manteniendo que es un derecho, que pertenece a los hombres o mujeres ejercer libremente una profesión y de hacer de sus cuerpos lo que les venga en gana honestamente, ¿no creen ustedes que la prostitución es incompatible con la dignidad de los seres humanos? De este modo, si reconocemos que la prostitución es una profesión, entonces estamos obligados a reconocer que todo lo que se mueve a su alrededor también es legal: alquiler de pisos, contrato de trabajo (certifico que yo, señor equis, propietario del club equis, contrato a la señora tal como prostituta en mi establecimiento...). Desde el mismo momento que reconozcamos que la prostitución es una profesión legal estaremos reconociendo una serie de profesiones alrededor de ella condenada en la Conferencia de 1949 que dice que no se puede castigar a una persona por ejercer la prostitución porque es una víctima pero, sí debemos castigar y controlar todo lo que viene de la prostitución.  Si se legaliza la prostitución se estará legalizando la violencia que se ejerce sobre las personas que se prostituyen y esto no es verborrea feminista que dirían algunas mentes suspicaces. Sabemos -y lo testifica la policía, los hospitales, centros de ayuda a las mujeres, etc.- que la prostitución es el 'lugar' ideal para la violencia. Conocemos a través de los medios de comunicación, principalmente, que en las grandes ciudades hay grupos restringidos de prostitutas que tienen un buen nivel de educación y que se prostituyen libremente, entre comillas, que los traficantes las dejan en paz porque son las que se encarga de ofrecer una imagen positiva de la prostitución. Son aquellas que vemos en la televisión, son las que vemos en los periódicos, revistas, semanarios, son las que predican que la prostitución es una bicoca... Claro, también sabemos que es una estrategia de los traficantes para que no veamos lo que verdaderamente hay detrás de la prostitución.   Mientras que, por ejemplo, una prostituta nos está vendiendo la prostitución como un 'acto sexual libre', se encuentran cuerpos de mujeres asesinados en las playas de Italia, en moteles u hoteles de cualquier carretera europea, de jóvenes europeas, del Este, sin documentación, torturadas. Al tiempo que esas mujeres nos cuentan maravillas, otras están siendo objeto de tortura sexual o de tráfico. Cuando vemos el glamour de esa prostitución de élite, no vemos, se nos oculta la gran tolerancia de ese poder absoluto de los hombres que pueden comprar a esas mujeres; es un poder económico y político.  Los medios de comunicación han informado que las mafias que comercializan con menores y con mujeres de países pobres no están constituidas únicamente por maleantes o por personas marginales. También descubrimos que a estas mafias pertenecen políticos respetables, banqueros distinguidos, o empresarios importantes, amén de pundonorosos padres de familia [el caso de los políticos de Bélgica y Portugal, Barcelona o Buenos Aires… sucesos acaecidos durante 2004], por poner un ejemplo; también han informado estos medios de los sustanciosos beneficios que se meten en los bolsillos estos respetables mandantes. Al contrario que otros negocios éste es altamente lucrativo y junto con la droga, las armas y el bandidaje forman parte del crimen organizado. Entramos en una mundialización en donde las naciones van teniendo menos poder, el rey es el dinero; las mujeres, las niñas y niños la carne con la que se comercia. La organización End Child Prostitution in Asian Tourism (ECPAT) estima que sólo en Tailandia, el comercio de la carne ha proporcionado entre 18 y 21,6 miles de millones de dólares US en un solo año, lo que supone más del presupuesto total del país en 2000.¡Y libre de impuestos!   Pero no podemos olvidarnos de que el sistema patriarcal es otro actor importante en esta historia, y en este sistema participan también las mujeres y mujeres feministas que consideran que prostituirse es una manera de libertad...  Tanto en cuanto nos quedemos en los efectos de la prostitución y en el discurso anecdótico no habrá solución a este problema. Por tanto, se hace necesario relanzar el debate y hacer una verdadera construcción ideológica alrededor del mismo. En consecuencia, las mujeres tienen, tenemos, el deber de participar en la política para poder luchar por los derechos de las mujeres. La prostitución de la mujer es la discriminación más absoluta. El fenómeno de la prostitución afecta no sólo a la imagen de la víctima prostituida sino al conjunto de la sociedad. La erradicación de la prostitución no es una utopía. De cualquiera de las maneras la utopía es positiva porque permite estructurar la historia de la sociedad.

Colectivo: laotrapagina

Fuentes:New Political Science;Prostitución, de William Acton; Escritos sobre la prostitución, de Kate Millet; ponencia 'Mujeres del Mediterraneo', de Wassyla Tamzali; Diario 'El País' y 'Le Monde'.

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Miércoles 23 de agosto de 2017 - 13:57