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La mutilación genital

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La mutilación genital

Recientemente escuchaba en un informativo de radio que una Juez de Catalunya (de Cervera, concretamente, creo recordar) había prohibido la salida de una niña de siete años del Estado Español ante el temor de que sus padres la pudieran llevar a Gambia para practicarle una mutilación genital.

En España, obviamente, este tipo de intervenciones está prohibido, pero por lo visto y a través de las consultas de pediatría de centros de atención primaria y hospitales, se ha detectado que a bastante niñas de origen africano se les ha practicado cuando han viajado con sus padres de vacaciones a sus países de origen.

¿Qué se puede decir ante tremenda salvajada? Se pueden decir y hacer muchas cosas y por ejemplo la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se ha centrado en la mejora de la salud sexual y reproductiva, donde se enmarcan los programas que se llevan a cabo en materia de lucha contra la mutilación genital femenina, que contribuyen a la defensa de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

Por tanto este es un buen ejemplo de lo que sí se puede hacer. Y, siguiendo esta actuación se podría también fijar en los baremos de las instituciones que destinen una parte de su presupuesto para la cooperación al desarrollo este tipo de objetivos. Es decir incluir como elementos potenciadores de la obtención de fondos para el desarrollo por parte de las organizaciones que lo gestionan, principalmente ONG’s, el hecho e trabajar por la salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas en general y muy en particular las de África.

No podemos perder de vista que la lucha contra esta aberración será dura y necesitará de la influencia de estamentos como a ONU que, de alguna manera ya se ha implicado, pero son muchas las barreras que se han de vencer. Y quizás son las del peor tipo, las culturales y, en demasiadas ocasiones irracionales que implican que la población no sea consciente de los problemas de todo tipo que este tipo de intervenciones les acarrean a las mujeres, por no hablar del número de ellas (desconocido para todo el mundo) que mueren por diversas causas a consecuencia de este tipo mutilación.

Cambiar las mentalidades de las gentes es algo complicado y no siempre se produce en un corto espacio de tiempo. Y las mujeres sabemos mucho de esto. Pero si enlazamos elementos de desarrollo de la salud, y, por tanto a dinero que llega de otras zonas del mundo en forma de la mal llamada solidaridad con lo países pobres (a quienes en realidad expoliamos y explotamos y apenas les devolvemos unas migajas en forma de cooperación al desarrollo desde los países más ricos) es posible que quepa la esperanza y las niñas y las mujeres vean mejoradas sus condiciones de vida.

Otra vía para combatirlo es con actuaciones como las que ha tenido la Juez de Catalunya, al impedir la salida de estas niñas por temor que la mutilación se produjera en el país de origen.

Aquí en los países que actualmente recibimos a personas inmigrantes procedentes de culturas en las que esta práctica es habitual, no podemos cerrar los ojos, bajo ningún concepto y hemos de manifestar nuestra clara voluntad de acabar con estas prácticas. Y, por tanto, desde las instituciones sanitarias, educativas, judiciales y de protección de menores, han de estar muy alerta con las niñas que provienen de esos entornos para hacer una prevención efectiva.

La salud sexual y reproductiva de las niñas y mujeres del mundo es una asignatura más bien olvidada por las grandes organizaciones mundiales. Y es algo que debe ser protegido como un bien patrimonio de la humanidad, puesto que ellas son y serán las dadoras de vida.

No podemos poner en peligro la vida de estas niñas mirando hacia otro lado cuando sabemos que esto está ocurriendo, quizás, al lado mismo de nuestra propia casa, o de nuestro propio país.

 

Firmado: Teresa Mollá Castells

tmolla@teremolla.net

 

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Martes 22 de agosto de 2017 - 20:43