Gorilas y Guerrilleras
Noticia anterior

GUERRILLA GIRLS

Noticia siguiente
¿Tienen que estar las mujeres desnudas para entrar en el Metropolitan Museum of Art of New York?, GUERRILLA GIRLS

¿Tienen que estar las mujeres desnudas para entrar en el Metropolitan Museum of Art of New York?, decía una pancarta de las Guerrilla Girls, haciendo referencia al hecho de que menos del 5 por ciento de los artistas en la secciones de Arte Moderno son mujeres pero, el 85 por ciento de los desnudos son femeninos.

Todas las profesiones necesitan una conciencia. Y el aspecto con el que aparece una frecuente mala conciencia es característico de la profesión en cuestión. La mala conciencia del arte durante las décadas de 1980 y 1990 se llamaba «Guerrilla Girls» y llevaba minifalda, medias de rejilla, tacones altos y máscaras de gorila. Se trataba de un grupo de artistas, escritoras y directoras de cine cuyo éxito a principios de los noventa se produjo paralelamente a una crisis de mercado del arte. Su sentido del humos y su gusto por la provocación era lo mejor que podían proyectar en esta situación. Demostraron ser un modelo de conducta y pronto su modo de intervenir se convirtió en la norma, ya que el hecho de estar contra el espectáculo rápidamente entro a formar parte del espectáculo.

Guerrilla Girls eran, y posiblemente sigan siendo, un grupo muy heterogéneo de mujeres de distintas edades, procedencias étnicas y orientaciones sexuales con más o menos éxito en el mercado del arte. Son y eran anónimas. Hubo un tiempo en que quedaba muy bien que una mujer artista afirmara formar parte de Guerrilla Girls. Durante un tiempo, era incluso una marca de calidad. ¿Cuántas había? Muy poca gente lo sabe. En sus apariciones en público utilizan nombres en clave, nombres de artistas y escritoras fallecidas como Frida Khalo, Eva Hesse, Alice Neel o Paula Modersohn-Becker para hacer hincapié en los logros que habían conseguido.

Fueron guerrilleras antes de convertirse en gorilas. La historia de Guerrilla Girls comenzó en 1985, con ocasión de una exposición en el Museum of Modern Art de Nueva York, una visión del arte contemporáneo titulada «An Internacional Survey of Painting and Sculpture». De los 169 participantes, sólo 13 eran mujeres y las Guerrillas Girls se manifestaron delante del museo contra esta desigualdad, ante la mirada indiferente de los transeúntes. A partir de esta experiencia, el grupo comenzó a poner en evidencia al propio mercado del arte (coleccionistas, artistas, propietarios de galerías…) anunciando con pósters por las calles del SoHo que omitían a las mujeres artistas. Todo empezó con la lucha callejera y acabó trasladando todos los tópicos y las estrategias de Hollywood al mercado del arte.

Estas partisanas eran también chicas con máscaras. Sus máscaras de simio estaban inspiradas en King Kong, una astuta estratagema en varios sentidos. Convirtieron la imagen de la virilidad y el dominio masculino que encarnaba King Kong en la personificación del enemigo y pusieron al público en el papel de las masas aterrorizadas: una opción bastante curiosa dada la distribución del poder. Y no sólo echaron mano del almacén de vestuario de Hollywood, sino que imitaron a su gran predecesora Marlene Dietrich enfundándose un disfraz de gorila parecido al que Dietrich llevó en La venus rubia y con el que provocó el pánico entre los espectadores en los años treinta.

Chicas con máscaras

 

La evidente situación desastrosa, no sólo de las mujeres artistas sino también de los artistas de color en general, hacía desternillarse de risa a las Guerrilla Girls, una risa histérica de burla que se mofaba de un sistema que excluía a su sexo. Las máscaras de gorila que se asomaban a sus vídeos y películas hicieron renacer el viejo prejuicio de que las feministas eran mujeres que no habían podido cazar a un hombre. No obstante, la intención del ejercicio de Guerrilla Girls era insuflar vida al feminismo mediante tácticas y estrategias nuevas. Diseñaron más de 70 pósters e impresos en 14 años y montaron manifestaciones de protesta contra el sexismo y el racismo en el mundo del arte. Sus primeros trabajos, realizados en los años ochenta durante la administración Reagan, fueron varios pósters que los museos y librerías coleccionaban en carpetas. Las Guerrilla Girls tocaron temas políticos: desde el aborto hasta la guerra del Golfo, desde la pobreza hasta la violación. Se centraron en la corrección política y colaboraron en ello con otros grupos de artistas, como el Act Up. Después darían conferencias en museos y escuelas de los cinco continentes.

Además de los pósters, las Guerrilleras crearon carteles publicitarios, anuncios para los autobuses y desplegables para revistas, organizaron acciones de protesta, enviaron miles de cartas de denuncia y crearon premios ficticios para revelar los mecanismos subyacentes del mercado del arte. Su propuesta la difundieron por todo el mundo hermanas de espíritu que también se autodenominaban Guerrila Girls. Se consideranan las equivalentes femeninas de los benefactores anónimos, tradicionalmente masculinos,  de las masas oprimidas, como Robin Hood, Batman y el Llanero solitario. Añadieron a esta lista de bienhechores una variante específicamente femenina: la Guerrilla Girl.

Hermanas de espíritu

La historia es un texto que fluye y cambia constantemente, sujeto irremediablemente a corrección y verificación. Es muy probable que una historia del arte escrita por las Guerrilla Girls no incluyera a muchos hombres artistas consagrados. En lugar de reducirla a unas cuantas «obras maestras» y «genios», incluirían a muchas y muchos otros artistas. Llamar a las Guerrilla Girls las «reinas de las cuotas» sería erróneo: nunca pidieron que el 50 por ciento de los artistas expuestos fueran mujeres o miembros de minorías, simplemente informaron de que la cifra real era inferior al 10 por ciento. Opusieron resistencia al lenguaje de la crítica artística rebatiendo el modelo patriarcal del «genio» y la «obra maestra» con una tribu de lozanos primates y traduciendo libremente la palabra latina genius por testículos (que debe debe de ser el motivo por el cual se utiliza tan poco para describir a las mujeres). Las Guerrilla Girls manifestaron que el arte hecho por mujeres o por artistas pertenecientes a alguna minoría es realmente distinto al de sus colegas masculinos. Si el arte es un reflejo de la experiencia, y si coincidimos en que el sexo y la raza influyen en esta experiencia, entonces su arte tiene que ser distinto por lógica. Si alguien necesita llevar una máscara de King Kong en la cabeza para entrar en un museo, entonces el museo tiene motivos para rascarse la cabeza. Lo que pretendían las Guerrilla Girls era que el arte de los museos y las galerías ofreciera una imagen verdadera de la historia cultural y no simplemente las contribuciones masculinas. Responsabilizaron a los marchantes, comisarios y críticos de arte de este desequilibrio. Con éxito, con contratiempo. Después de todo, las máscaras dan mucho calor.

 

Por: Frank Frangenberg.

Mujeres artistas. Ed. Taschen

Editado por Uta Grosenick

Estaba claro: necesitábamos nombres en clave para poder distinguirnos entre nosotras. El día que nosotras estábamos grabando NPR’s Aire Fresco, Georgia O’Keeffe murió. Fue entonces cuando se nos ocurrió utilizar nombres de mujeres artistas y escritoras ya muertas para reforzar su presencia en la historia y solventar el problema de nuestras entrevistas. Era como si Georgia estuviera hablándonos desde la tumba. Frida Khalo, Alma Thomas, Rosalía Carriera, Lee Krasner, Eva hesse, Emily Carr, Paula Modersohn-Becker, Romaine Brooks, Alice Neel y Ana Mendieta… son algunas mujeres famosas que se nos han unido, apuntaba  Rosalía Carricera en una entrevista.

revista la otra pagina © Laotrapagina.com | Queremos que este sea un lugar propio en el que todo aquello que tenga relación con la mujer pueda ser escrito y publicado, comentado y debatido; también criticado, con buenas prácticas.
Desarrollo web: Olivier Bertoncello Data Consulting
Domingo 17 de diciembre de 2017 - 09:20