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Mujeres de la Vía Campesina levantan sus puños contra el desierto verde[5].

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Mujeres de la Vía Campesina levantan sus puños contra el desierto verde[5].

En la madrugada del 4 de marzo, como entidades salidas del propio vientre de la tierra, 900 mujeres ocuparon la hacienda de Tarumã[7]. Surgiendo de las neblinas del día que amanecía, muchas de ellas llegaron acompañadas de sus hijas e hijos, venían de todas las regiones del estado de Río Grande do Sul, - al sur de Brasil- donde viven asentadas o acampadas[8].

Fuertes y guerreras como amazonas, las mujeres campesinas empuñaron la hoz y el facón y derribaron centenas de eucaliptos en pocas horas, manifestando de forma corajosa y decidida su lucha contra la destrucción de la naturaleza y contra los límites impuestos por el capital y su organización de otras formas de vida y de producción. El objetivo era destruir-denunciar aquello que destruye y volver a plantar matas nativas.Ya en el medio de la mañana, después de cumplida esta tarea, se iniciaron las actividades cotidianas de un campamento: preparar la alimentación colectiva, reunir a las niñas y niños para actividades recreativas y educativas. Se fue generando por algunas horas un ambiente harmónico y festivo. Todas estábamos hermanadas en la convicción de que hay alternativas al capitalismo depredador. Depredador de la naturaleza, de las relaciones humanas y de las condiciones de trabajo. Contra un capitalismo que se expande apoyado en las guerras y en la represión cada vez mayor que genera miseria urbana y rural. Estábamos unidas por la construcción de un mundo en que las niñas y niños que nacen en este espacio de cooperación, talladas por la lucha y por el acceso a la educación, podrán vivir de otra manera.

Pero a las once de la mañana todo cambió. La Brigada Militar se hizo presente y se plantó frente a las barreras erguidas para proteger el campamento, donde muchas de nosotras estábamos en puestos de seguridad. Ellos, como perros guardianes, permanecieron durante 5 largas horas. En ese tiempo, hubo varios intentos de intimidación, algunos con agresiones, entre ellas a la periodista y el fotógrafo de la Vía Campesina. A sus amenazas respondíamos con cantos guerreros y políticos.

A las 16:30, después de que impidieran la presencia de periodistas en el lugar, estalló la represión. Cerca de 30 hombres irrumpieron entre nosotras, montados en caballos, acompañados de perros amaestrados para atacar, para matar. Avanzaban  sobre nosotras emitiendo terribles gritos, con ojos rojos de odio. La imagen era de criaturas salidas del infierno, con sus rostros cubiertos por cascos salidos de la Guerra de las Estrellas, con espadas erguidas (¡espadas si!) que bajaban con violencia sobre nuestros cuerpos. Disparando tiros de balas de goma a quema-ropa - las llamadas granadinhas que explotan al contacto con el cuerpo y estallaban en astillas de plomo. Así penetraron el  campamento, pisoteando mujeres niñas y niños con sus perros y caballos – nacidos para matar -  furiosos animales conducidos por seres enfermos.

Los patriarcas - y guardianes de la propiedad privada y de la moral - atacaron con odio, gritando cosas como: vayan para casa a cuidar de sus hijos! Putas de mierda! Las vamos a matar! Mientras tanto, láminas de espadas bajaban sobre nuestras piernas, espaldas y pubis, como violaciones. Balas de goma penetraban en nuestras carnes dejando rastros de plomo y sangre. Así, ellos como buenos machos, demostraban quién tiene el poder aquí.

Después de interminables minutos de terror absoluto en los que las madres fueron separadas de su prole, fuimos llevadas a la ruta, dejando todas nuestras cosas de lado, como si todo lo que teníamos fuera maldito: carteras, gorros y pañuelos del movimiento, remedios, pañales, mamaderas. Fuimos forzadas a quedarnos sentadas en la orilla de la carretera durante horas, perdiendo la noción de nuestro destino. Después fuimos encaminadas a algunos ómnibus, apretadas, sin agua ni alimento. Ya de noche, con las luces de los micros apagadas, permanecimos dos horas más. Para entonces habíamos perdido toda referencia de lo que sucedía con el resto de nuestras compañeras, también de nuestros rumbos. En estas horas vivimos un calvario, nos sentimos protagonizando un film de horror. Las 60 mujeres heridas seguíamos sin recibir ningún tipo de atención médica. Algunas de nosotras estaban desmayadas, otras convulsionaban. Niñas y niños lloraban sin parar.

Llegamos a la 1 de la mañana a la ciudad de Livramento (frontera con Uruguay). Ahí fuimos nuevamente divididas, unas fueron encaminadas a un estadio, otras finalmente al Hospital donde fuimos muy bien atendidas[9], hasta tomamos sopa caliente, nos sentamos en sillas y bebimos agua.

Pero al llegar al estadio, nos esperaba nuevamente la pesadilla. Tuve inmediatamente la  terrorífica visión del Estadio Nacional de Chile, y tantos otros campos de tortura y aislamiento que el capitalismo crea. Las mujeres, niñas y niños que estaban desde hacía horas, intentaban buscar una posición para dormir sobre un suelo helado. La única alimentación que habían recibido en horas era leche, agua y galletitas aportadas por la intendencia.

Finalmente, al inicio de la mañana,  fuimos recibiendo nuestras cosas sucias, desorganizadas, controladas.

Parte de la comida que habíamos llevado, se había echado a perder. Imagino que deben de haber quedado ollas y ollas de alimento desparramadas entre los eucaliptos, como parte de una venganza. Como si sólo nosotras precisáramos de agua potable para beber, de oxígeno para respirar.

Así y todo seguimos de pie. Al día siguiente nos manifestamos por las calles de Livramento, a pesar da la vigilancia de los mismos perros, caballos e inclusive espadas, que ya conocíamos tan bien. El acto público se celebró en el Parque Internacional y contó con el apoyo de parte de la población.

Lo importante de que haya sucedido en la frontera es también por el hecho de que las fábricas de celulosa están tomando a Uruguay, a la misma altura de Brasil y de Argentina. Si el proyecto prevalece, tendremos una gran área multinacional sobre el Acuífero Guaraní (uno de los mayores mantos freáticos del mundo) de donde será extinta toda la mata nativa y toda la posibilidad de plantación de otros cultivos, entre los cuales los pastizales típicos de la región. El latifundio nacional sería sustituido por el agro-negocio internacional en condiciones todavía peores de desenvolvimiento económico, humano y ambiental. A pesar de eso, el estado brasilero mostró su complicidad con el capital asesino no permitiendo que el acto público de fuera cerrado en territorio nacional. Felizmente fuimos muy bien venidas en suelo uruguayo,[10] fue allí que  concluimos nuestra acción.

No nos moverán!

Las mujeres que estamos en esta lucha sabemos que el patriarcado capitalista es nuestro peor enemigo y es contra él que luchamos y lo haremos hasta su extinción! Recién ese día podremos hacer una fiesta para conmemorar el 8 de marzo que no será más el día internacional de las mujeres, porque pasará a ser el día internacional de la humanidad.

Escrito por:clarisse castilhos[6]

[5]  originalmente escrita en lengua brasilera y traducida pormariana pessah, también del grupo mulheres rebeldes.

[6] clarisse castilhos es economista e integrante del grupo  mulheres rebeldes. claricastilhos@yahoo.com.br

[7] Mujeres de la Vía Campesina okuparon una hacienda de la transnacional sueco-finlandesa Stora Enso, en Rosario do Sul, a 400 km de Porto Alegre. En esta tierra se está imponiendo el monocultivo del eucalipto, practicada por grandes transnacionales como Stora Enso, Aracruz e Votorantin, que destruyen los biomas de las regiones donde es implementada y afecta el suelo de tal manera que imposibilita cualquier otro cultivo, volviéndose una gran amenaza. Estas parcelas de tierras fueron adquiridas de forma ilegal - está localizada en área de frontera, donde instalaciones extranjeras son prohibidas – a través de la creación de una empresa brasilera 'testaferra'.

[8] La diferencia entre las mujeres asentadas y las acampadas, es que las primeras ya han recibidos sus tierras, las segundas viven en campamentos hasta que el gobierno les otorgue la tenencia de las tierras. Para ello pueden estar hasta 3 años, ó más, viviendo en carpas de nylon negro.

[9] Un tiempo atrás, el gobierno de Estado intentó cerrar el Hospital de Livramento y fue el MST quien tuvo una participación de vital importancia en la lucha, actuante en las vigilias y proveyendo alimentos para lxs internxs. Como un boomerang, ese agradecimiento  se vio reflejado en la buena atención y trato recibidos.

[10] Si bien el gobierno uruguayo está defendiendo a las papeleras y por esa razón hay una disputa muy fuerte con Argentina.

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Jueves 25 de mayo de 2017 - 01:20