El mundo es plural y complejo
Noticia anterior

Avanzando hacia el futuro

Teresa Fernández Ridruejo

Noticia siguiente
Mucho se ha escrito sobre coeducación y se están produciendo algunos cambios, superficiales, en el lenguaje sobre el papel de las mujeres, antes silenciadas, y sobre la igualdad de oportunidades. Avanzando hacia el futuro

En la sociedad continúan las desigualdades, discriminaciones, exclusiones y dominaciones. Un cambio así tan sólo en un sujeto, la mujer, es parcial, incompleto y polarizado. ¡Cómo si el varón no tuviera que verse afectado en ese cambio!

El mundo es plural y complejo, tenemos que ir más allá de lo meramente formal. Se trata de cambiar el modelo de sociedad; modelo económico, cultural, escolar y científico.

El nuevo modelo de “personas” a construir para el siglo XXII serían seres racionales con una libertad ligada a la de otros sujetos y con capacidad de buscarse y crear una nueva manera de vivir en relación con las/os otras/os, parecidas/os y diferentes, sin imponer ni aceptar dominaciones, violencias ni exclusiones.

La pretendida objetividad de la ciencia y de los saberes actuales sólo ha servido para establecer una sola verdad, solución, salida...a los problemas y por tanto ha servido para dominar a otras verdades

Frente al dominio de este modelo científico, estaría el modelo de una ciencia que se reflexiona a sí misma, duda y se emociona porque comparte valores de relación, solidaridad y reconocimiento de la creatividad humana para dar soluciones o tratar de satisfacer las necesidades.

¿Y qué papel desempeñaría la educación? La escuela mixta en la que hemos entrado las mujeres, responde a la estructura de género y donde lo masculino se constituye en oposición y dominio de lo femenino. Reproduce una sociedad violenta, donde la ciencia ha ido a la par de los intereses dominantes. Pero la escuela también puede ser un lugar de crítica y de cooperación.

La educación debería dotarnos de los instrumentos necesarios para poner límites a la violencia y para no separarnos de los propios deseos y sentimientos para aprender a confrontarlos con los de otras personas, resolviendo los conflictos mediante el diálogo, la cooperación y la negociación. La vida ha de ponerse en el centro de la cultura y de la racionalidad. Se ha de revalorizar el nacimiento, el cuerpo, el cuidado individual y grupal, el cuidado de la tierra y de todo lo diferente que en ella vive. Éste podría ser un polo de referencia en el mundo.

Si tomamos este punto de referencia la construcción social de las ideas debería dar cuenta de las relaciones de poder que se han establecido en la sociedad entre mujeres y varones, entre pueblos y culturas, entre economías e ideologías diferentes, es decir, debería dar cuenta de las múltiples formas de opresión para dar lugar a un pensamiento descentrado, no universalizador como único y que por ello da poder a los grupos diferentes, a cada individuo, a cada mujer y a cada varón, que se adueñarían así de su auténtico poder, “se empoderarían”, es decir, podrían decidir sobre todo aquello que les afectara.

Las mujeres hemos sido humilladas, no respetadas ni consideradas como sujetos de derecho en esta sociedad, pero los varones también han sido humillados, al obligarles a construir su identidad sobre una violencia normalizada. Si no aceptan ciertos comportamientos serán tratados como “diferentes” y excluidos. Por eso varones y mujeres tenemos que realizar un trabajo por separado para deconstruir lo que el patriarcado ha puesto en unas y otros, pero después hemos de compartir y reconocer las humillaciones para construir un nosotras y un nosotros que destruya las discriminaciones y todo tipo de violencia.

Pocos varones se han interesado por la coeducación, como si ésta fuera tan sólo cosa de mujeres. Más bien se trataría de cambiar las relaciones entre mujeres y varones.

La educación escolar y extraescolar, sobre todo la de los medios de comunicación, debería trabajar por erradicar la violencia y desarrollar el reconocimiento recíproco de las diferencias, de los grupos, de las culturas...no es tan sólo la tolerancia (se tolera lo que no nos gusta) la que hay que desarrollar, sino el gusto por lo diferente

Ha de fomentar las relaciones de afecto, de cuidado y preocupación de unos seres por otros, junto con un desarrollo de la justicia y de la solidaridad entre los pueblos y culturas. Ha de fomentar las relaciones de intercambio, reconociendo autoridad a quien es diferente, estableciendo la mutua dependencia. No ha de servir para normalizar a quienes son diferentes (las chicas, los emigrantes,...), ayudándoles a olvidar lo que eran, porque esto es crear violencia. Por eso la educación ha de ser entendida como educación para la paz, debeladora de los abusos y violencias que atentan contra la autonomía personal.

La coeducación como valor tendría que incorporar, en el nuevo modelo de escuela y saberes, características que hasta ahora se habían relegado a lo femenino, como la capacidad humana de preocupación y cuidado de unos seres por otros, que producirían como consecuencia:

- Una modificación de los dualismos típicos del patriarcado cuerpo-mente, masculino-femenino, subjetivo-objetivo, pensamiento sobre sentimiento, etc,.

- Personalizaría al otro y sobre todo a la otra, que no sería ya un objeto sino uno/a, diverso y diversa de mí.

- Cambiaría la socialización; a los varones se les socializa para utilizar competitivamente la violencia con sus iguales y la opresión con sus inferiores, como respuesta a su miedo a la violencia, mientras que a las mujeres se les permite expresar ese miedo, pero se canaliza muchas veces a través de la sumisión.

- Producirá una deslegitimación del uso de la fuerza y de los agresores, pues éstos necesitan enemigos o excusas humanitarias para legitimizar el uso de la fuerza. Esto llevaría consigo un alteración de las tecnologías y ciencias ligadas al miedo de otros, expresado en la sofisticación de las armas de guerra.

- La educación se convertiría en una educación para la vida, que incluiría, por tanto, la maduración emocional junto con la inteligencia, educando en la madurez moral y en el cuidado de unos seres humanos por otros. A todo esto tendrían que plegarse los planes económicos, de desarrollo, la justicia y el ordenamiento de las ciudades, de los espacios y de los tiempos.

Los saberes no estarían separados de los afectos, de las propias reflexiones y preocupaciones y de las sensaciones. La sexualidad y el respeto y amor por uno mismo y por otros tendrían su espacio y su tiempo porque tendrían su valor. Tal vez así los cuerpos de las mujeres serían más valorados y no manipulados ni violados.

Para transformar hoy la sociedad habría que trabajar la agresividad, cómo educarla y cómo transformarla en energía constructiva, en justicia, en solidaridad.

La violencia actual no es más que la expresión bruta de un gran conflicto, un síntoma que indica el malestar de los individuos, pero como síntoma indica también dónde podría estar la solución o su búsqueda.

revista la otra pagina © Laotrapagina.com | Queremos que este sea un lugar propio en el que todo aquello que tenga relación con la mujer pueda ser escrito y publicado, comentado y debatido; también criticado, con buenas prácticas.
Desarrollo web: Olivier Bertoncello Data Consulting
Miércoles 29 de marzo de 2017 - 05:21