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Jornadas Partidos Feministas

Lidia Falcón

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Epístola Jornadas Partidos Feministas

Queridas compañeras, he tardado un tiempo en decidirme a escribir estas reflexiones, lo que ha sido bueno para que las sedimentara, después de enterarme de que organizadas por el partido Iniciativa Feminista de Valencia se celebraron en esa ciudad unas jornadas de partidos feministas europeos. Sobre todo me ha inducido a poner en práctica mi propósito el encuentro que mantuve hace unos días en Las Palmas con Juana Santana, vicepresidenta de Iniciativa Feminista y otra compañera, y ante las vacilantes -más bien inexistentes- explicaciones que me dio, comprobar que no tenía explicación ni disculpa para semejante comportamiento.

Este proemio viene a cuento porque los únicos Partidos Feministas que no se invitaron a dichas jornadas fueron el Partido Feminista de España que presido, el Partit Feminista de Catalunya que preside Pilar Altarriba, el Partido Feminista de Euzkadi que preside Zuriñe del Cerro y el Partido Feminista de Valencia que preside Elena Bengoechea. Es decir, los primeros partidos feministas que se han creado en en Estado Español, y los más antiguos de toda Europa, ya que los de Holanda, Francia, Bélgica, Alemania se disolvieron hace años -quizá se han creado nuevamente- y el de Suecia tiene cuatro años de vida.

Cuando en 1979 ocho compañeras, a las que más tarde se sumaron muchas más, y yo constituímos el Partido Feminista de España que tiene ámbito en todo el Estado, y fue legalizado en marzo de 1981, iniciamos la experiencia más novedosa del feminismo español: el feminismo político. Es decir participar en el ámbito político con planteamientos feministas sin querer ser nunca más representadas y a la vez manipuladas por los partidos políticos. La historia de nuestra experiencia está escrita ya en la prensa, en los congresos de nuestro partido, en la correspondencia y jornadas con otros partidos feministas, en los foros internacionales, en las ferias del libro y en las convocatorias electorales a las que hemos concurrido. No quiero aburriros ahora con el relato detallado, ese estará en la calle cuando se publiquen mis memorias próximamente. A este partido le siguió el Partit Feminista de Catalunya impulsado por mi, el Partido Feminista de Euzkadi que presidió hasta su muerte nuestra llorada María José Urruzola, y el Partit Feminista de Valencia que legalizó Elena Bengoechea. De una escisión de este último surgió, dos añós más tarde, otro partido que a imitación del sueco lleva el nombre de Iniciativa Feminista. Y éste es el que convocó esas jornadas a nivel europeo a las que invitó a partidos recién constituidos de varios otros países, menos a nosotras. Y lo que resulta más penoso, en las crónicas de prensa que se publicaron las dirigentes tuvieron la vilantez de decir que eran el único de España, que se habían constituido imitando a las suecas y eliminando toda referencia a los Partidos feministas españoles, que repito, son los más antiguos de Europa, y a mi misma. 

Como he luchado en la política desde la adolescencia estoy acostumbrada a semejantes mezquinas conductas, pero la mayoría de los que las protagonizaban eran hombres. La política masculina está llena de envidias, zancadillas, oportunismos, traiciones y dejaciones de principios, por eso me fui de esos partidos, por eso me dediqué al feminismo totalmente, por eso creé un partido feminista, para que hiciera una política feminista dirigida por mujeres. Y de ello hace más de treinta años. En este tiempo he tenido que aprender, tristemente, que las mujeres son capaces de comportarse casi como los hombres. En la escisión de La Mar y en el destrozo del Colectivo Feminista en Barcelona, y en otras múltiples experiencias de traiciones y mezquindades. Pero han pasado tres décadas, las mujeres deberían haber madurado, algunas tanto que han entrado en la senda de la colaboración con el poder, que tantos rendimientos les proporciona, pero aquellas que continuaban la difícil tarea de seguir batallando en el feminismo independiente y político, tienen que comportarse según unas elementales normas éticas. De no hacerlo nos situaremos a niveles semejantes a los de los hombres en nuestro comportamiento moral y entraremos en la corrupción que corroe a sus partidos. Y lo más penoso, destrozaremos cualquier proyecto feminista que pudiera tener futuro.

No he querido callarme este episodio porque no suelo callarme lo que pienso, creo que todo sirve para avanzar, y ya no tengo edad para aguantar semejantes experiencias. Y yo no soy una referencia como me dijo Juana, porque todavía no me he muerto. Soy una dirigente feminista en activo que todavía puedo aportar mucho a esta difícil e ingrata lucha y que tengo más experiencia que ninguna porque los años enseñan mucho, y más si se tiene la pena de trabajar en este desgraciado país. Ahora espero las reacciones de vosotras que espero sean productivas, porque yo estoy siempre a vuestra disposición para el encuentro, la discusión, el intercambio de ideas, de proyectos, para empujar la lucha de las mujeres que está tan mortecina, mientras nos matan todos los días, para que el feminismo avance y no se convierta en una desdichada pugna por lucirse, por salir en las fotos y la televisión para satisfacer nuestra vanidad, para mayor regocijo de los hombres y de los políticos, perdiendo el tiempo y la dignidad. 

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Jueves 23 de noviembre de 2017 - 08:12