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Galenos que se creen la reencarnación de Cristo

Alicia Peressutti

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Galenos que se creen la reencarnación de Cristo

Viernes a la mañana y en mi casa el caos habitual rayaba la locura. Todos iban y venían sin ver ni escuchar hasta que Yaco pronunció las palabras mágicas, ¿mamá vas al médico?.
Un silencio de ultratumba cortó el aire en dos y todas las miradas hasta los ojos del Nero ( la mascota mitad galgo mitad pitbull) se clavaron en mi persona.

Sin esperar respuesta Piero repicó, ¿a cuál de todos los que deberías ir? Hice como que escuché a medias y respondí: " a un conocido neurólogo de un Centro privado de calle Chile".
Como por arte de magia se produjo la transformación familiar y mientras uno ponía el aparato mágico (lavarropas) a funcionar otro pedía detalles de que había que hacer en mi ausencia: trámites de Vínculos, trámites de publicidad, algo digerible para el almuerzo (opción uno: sandwich de queso y mortadela, opción dos: sandwich de queso, mortadela y tomates, opción tres: sandwich del pollo que lleva tres días en la heladera, opción cuatro: a cualquiera de las variantes anteriores se le puede agregar una pizca de mayonesa porque el sachet está casi vacío)

Llegué al Centro a las 10:30hs porque el turno era a las 11hs. y por supuesto que después de haberlo solicitado casi 20 días antes no quería llegar tarde por nada del mundo, principalmente por respeto al trabajo del profesional. La secretaria, una hermosura de persona, me atendió de maravillas, hasta que pregunté si íba bien con los tiempos, ahí en un casi susurro me contestó: "está un poco atrasado".

Tristemente todos conocemos una "sala de espera", cuyo nombre habría que revisar si es apropiado, o tal vez cambiarlo por "sala de pérdida de tiempo valioso que podríamos utilizar en otras cosas de la vida". También reconozco que tiene una única función útil "socializar", es decir hablar con todo el mundo (que le conteste a uno).

En ese proceso rápidamente saqué la conclusión que antes que yo había dos pacientes: el de las 10:00hs y el de las 10:30hs.

Lo que siguió fue una escena de película que seguro ocurre a diario en el contexto selvático que cerca la puerta de un profesional médico (doctor es el que hace el doctorado y muy pocos lo tienen hecho) . Entró una señora que llevaba no sé que en las manos (recién llegada), entró otro señor que también llegaba y después entró un visitador médico (todos saben que los médicos y los visitadores médicos tienen una relación especial y cuando se juntan el tiempo no existe).

Después de todo eso les tocó a los dos pacientes que estaban antes que yo, a todo esto se hizo las 12:20hs y mi pobre aparato urinario( por decirlo de alguna manera) estaba a punto de reventar, entonces con la mejor sonrisa le dije a la secretaria "por favor, tengo que ir al baño, si el señor sale, dígale al médico que me espere 40 segundos".

Demoré 47 segundos (debo reconocer que fallé en 5 segundos). Cuando llegué a mi rinconcito de tolerancia, la puerta se cerraba y la secretaria me anuncia como si me dijera que me gané un viaje a Cancún, "entró otro paciente, por favor espere". ¡Qué gracioso cuando lo único que hice casi toda la mañana fue esperar! Con la angustia ahogándome las palabras por la impotencia, impunidad, como prefieran llamarlo, me acomodé como mejor pude.

A las 12:30hs me acerqué y despacio le dije "por favor me podés devolver el dinero de la consulta que sino llego tarde a trabajar", la joven me devolvió los $120, (que a mi como a todos seguramente me cuesta mucho ganar) y me fui.

¿Enojada? Nooooo,, muy triste: primero por haber dicho que tenía que trabajar como si los jubilados pudieran esperar, segundo porque sigo sin resolver la problemática de mis dolores , tercero porque yo me fui (buscaré otro profesional que respete a sus pacientes y sus derechos) y aquellos que llevan mucho tiempo con él no pueden dejarlo tan fácil.

Apurada sin tiempo para almorzar, me tomé cinco minutos para contarle a mis hijos lo sucedido.
Indignado Piero me miró hondo y ante la atención de todos profetizó "Algunos médicos se creen la reencarnación de Cristo Cheee", entonces Yaco le respondió: "Jesús era bueno no hacía sufrir a la gente"....

Seguramente durante la semana, el médico me va a llamar para pedirme disculpas por el tiempo que me robó en "su sala de pérdida de tiempo valioso que podríamos utilizar en otras cosas de la vida", y tal vez me ofrezca atenderme sin costo por la angustia que me ocasionó. A lo que yo le respondería que haga lo mismo con toda la gente que a diario se gasta sus horas esperando su atención.

A la señora que me esperó afuera para contarme más de estas cosas (a escondidas por miedo) , le cumplo la palabra escribiendo estas líneas.

Mi amigo de Villa de Soto, es médico y hace honor a la profesión. Es sólo cuestión de recordar cada día el juramento hipocrático¿verdad?
 

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Domingo 30 de abril de 2017 - 20:48