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MACROECONOMÍA, MUJERES Y MICROFINANZAS

Susana Marín Aguilera

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MACROECONOMÍA, MUJERES Y MICROFINANZAS

 

El continuo flujo de dinero público empleado en auxilio de las entidades financieras ha hecho crecer la indignación de manera paralela a la falta de recursos que éstas destinan a favorecer la liquidez de empresas y familias. Para digerir esta realidad nos encontramos con eufemismos nuevos cada semana. Cada viernes la creatividad de las noticias sociales, fiscales y económicas parece que se supera. Para entender esta maraña financiera necesitamos una intervención de la perspectiva de género y un rescate del sentido común.

 

En Europa sólo el 30% de las empresas europeas están dirigidas por mujeres, de ellas 87% son microempresas. Las mujeres consideran que el acceso a la financiación es uno de los aspectos que más dificultan la creación, el desarrollo y la perduración en el tiempo de sus empresas. Lo habitual es que las mujeres de la Unión Europea inicien su empresa con menos capital que los hombres, lo que reduce su capacidad de crecimiento en los momentos críticos de su desarrollo. La mayor parte de las empresas creadas por mujeres se encuentran en el sector de los servicios. En general, las empresas de dicho sector tienen menos activos que pueden servir de garantía para los bancos y necesitan inversiones inferiores a lo que los bancos están acostumbrados y desean otorgar. La inmediata consecuencia es que la posible contribución de las mujeres a la economía local y al desarrollo social no está siendo correctamente utilizada.

En este contexto, la solución a la financiación de los proyectos gestionados por mujeres suelen estar en las microfinanzas. Las microfinanzas han demostrado su eficacia en numerosos países y se consideran una herramienta eficaz para el desarrollo del auto empleo y de la microempresa. Es una herramienta particularmente eficaz en el empleo y la asistencia propuesta a las mujeres. Sin embargo, la Red Europea de Microfinanzas (REM) ha realizado un estudio del que se desprende que sólo el 39% de los microcréditos se concedieron a mujeres. Parece que la solución no está resultando tan óptima. La razón de esta tasa tan baja de micropréstamos concedidos a mujeres es el resultado del modo en que los programas microfinancieros han sido elaborados e implementados.
Pero, ¿que es exactamente un microcrédito? La Comisión Europea define el microcrédito como un préstamo inferior a 25.000 euros destinado a apoyar el desarrollo del trabajo por cuenta propia y la microempresa. Así definido tiene un doble impacto: un impacto económico, ya que permite la creación de actividades generadoras de ingresos y un impacto social, porque contribuye a la inclusión social y por lo tanto financiera de los individuos. Es decir, las microfinanzas permiten a las personas excluidas del sector financiero clásico obtener micropréstamos para acompañarlas en su vida cotidiana, permitirles implicarse en actividades productivas y facilitar el desarrollo de sus pequeños negocios.

Tras la caída del muro de Berlín se comenzaron a implementar actividades microfinancieras en Europa del Este y Central, en un entorno económico en el cual el sector bancario no estaba preparado y era incapaz de responder adecuadamente a las crecientes necesidades financieras. Sin embargo, el crecimiento del sector de las microfinanzas en Europa Occidental es reciente y limitado, aunque existen algunos ejemplos anteriores como la “Raiffeisen Bank” en Alemania y los “Lending Charities” en Gran Bretaña. En la actualidad en esta parte de Europa las microfinanzas aparecen ante todo como una herramienta de crecimiento económico y de cohesión social. A pesar de una red bancaria densa y protegida, muchas pequeñas empresas y numerosas familias no tienen acceso a los servicios financieros. La base del sistema económico en Europa se caracteriza por la importancia del papel que desempeñan las PYMES. El 93% de los 23 millones de PYMES europeas está formado por microempresas (entre 0 y 9 empleados) y cada año se crean aproximadamente dos millones de empresas de las cuales el 99% son PYMES. Una tercera parte de las nuevas empresas corresponde a negocios creados por personas desempleadas. Obtener un crédito permite a las personas en paro, mayoritariamente mujeres, ser económicamente independientes, lo que participa a una mejor cohesión social a favor del crecimiento, del empleo y de la cohesión social.

El microcrédito aparece en España a principios de los años 90 pero no es hasta el año 2001 cuando la actividad se organiza en gran escala de la mano de las Cajas de Ahorros y en particular gracias a su Obra Social, a la que son transferidos hasta el 25 % de los beneficios de las Cajas, para realizar programas sociales. Salvo excepciones los microcréditos empiezan a generalizarse en el año 2001-2002, ajustándose a la realidad económica de cada país, en cuanto a cuantías, plazos de devolución, etc. En España podemos hablar de microcrédito como aquel que no supera los 15.000 euros de cuantía, con unos intereses del 5-6% y plazos de devolución entre 1 y 5 años, con la posibilidad de carencia en los primeros meses: y sobretodo sin avales y sin garantías. El aval es el proyecto y la persona. Se han creado productos financieros que evitan las barreras que tradicionalmente detienen el acceso de la mujer a los servicios financieros formales, tal como los requisitos de garantía, de tener un aval varón o asalariado; requisitos de documentación, barreras culturales y alfabetización. No obstante, en varios países y áreas hay pocas o ninguna institución que ofrezca servicios bajo términos y condiciones favorables para la mujer. En su conjunto estos hallazgos confirman que el tipo de productos ofrecidos, sus condiciones de acceso y la distribución de los productos de una institución entre sus diferentes productos y servicios, afectan el acceso de la mujer a los servicios financieros.

Con la situación actual y tras la modificación de la normativa los bancos han encontrado otros motivos para denegar estos productos a los destinatarios de la propia lógica del sistema. La nueva normativa afecta al plazo que tienen bancos y cajas para “provisionar” por impagos. Es decir, cuando un cliente no devuelve el dinero prestado, la entidad tiene que ir aportando de sus beneficios la parte correspondiente a la cantidad impagada y aportarla en una cuenta. En eso consiste “provisionar crédito”. Anteriormente la entidad tenía entre 24 y 72 meses para hacer la provisión por impago desde el momento en que el cliente pasaba más de 90 días sin atender el pago del crédito. Con la modificación esa provisión se hace ahora a los 12 meses, lo que supone que las entidades y las empresas tendrán menos tiempo para buscar una solución, una refinanciación, etc.

En definitiva, estamos sin compromisos de las instituciones que supervisan el sector de los servicios financieros y sin ayudas públicas para el acceso al crédito, en particular para las mujeres que acometen por primera vez actividades económicas. Una espiral de difícil solución donde las finanzas sólo tienen connotaciones femeninas cuando se refieren a factores de riesgo y es que, esta “prima” parece ser la culpable de todo.

Referencias:
http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:C:2007:256:0114:0122:ES:PDF

http://www.european-microfinance.org/europe-microfinance_es.php

http://www.microcreditsummit.org/papers/sp_cheston+kuhn-ew.pdf

Financial services provision and prevention of financial exclusion, Informe del Réseau Financement Alternatif

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Sábado 19 de agosto de 2017 - 11:08