Noticia anterior

Simone Weil y su despiadada lucidez (1)

Joemi Burgos

Simone Weil y su despiadada lucidez (1)

La complejidad de la filosofía de Simone Weil sólo me permite destacar algunos temas que se repiten al revisar su biografía y sobre todo me baso en las ponencias del Congreso Internacional de Mujeres Singulares: Simone Weil. Comienzo subrayando lo dicho por Carmen Revilla Guzmán ya que sintetiza el acercamiento que hacen todas las conferenciantes al trabajo de Simone Weil:

“exige sintonizar con un pensamiento en la frontera entre la filosofía y la mística, la política y la ciencia, la antropología y la estética, la ética y la ontología…, que nos ha llegado parcelado en artículos, notas personales, cartas, algunos poemas, una tragedia inacabada…, y, sin embargo, es, y lo era ya para ella, profundamente unitario e indistribuible.”2

Esta riqueza de saberes me parece fundamental y la necesidad de compartirlos no sólo en el ámbito académico sino en los medios populares para instruir a las masas es lo que hacen de Simone una mujer singular.

El conocimiento en ella se convierte en sabiduría y de ahí su insistencia en la necesidad de educar para, al igual que la labor del feminismo durante tantos años, hacer visible lo natural, lo invisible, porque “el hombre no puede ser libre si no sabe que está sujeto a la necesidad”3. Weil adjudica todos los problemas, aun los más apegados al individuo, a las estructuras sociales y por esto es imprescindible identificar que es lo que sostiene estas estructuras y como se perpetúan.

La sociedad en su pluralidad tiene la urgencia de una justicia justa que sólo se alcanza cuando los individuos obtienen esa libertad, ausencia de necesidades, que les permite participar en al ámbito publico y concertar una política que responda a las necesidades de todos. Esto conlleva un compromiso serio que según Weil sólo alcanzan seres excepcionales.

Simone Weil reprueba “la miserable caricatura de la cultura científica moderna, caricatura que, lejos de formar el juicio (de las masas), las habitúa a la credulidad”4. El conocimiento se convierte en un poder que puede ser alcanzado por unos cuantos agraciados que ante la posibilidad de acceder y ser participes de la creación del conocimiento lo convierten en una propiedad privada de acceso controlado que alimenta el deseo de más poder y la alienación. Pero claro, para mantener el poder es necesaria la subordinación y ésta se crea y se mantiene cuando “[…] la interiorización de la mirada social del desprecio hacia los desventurados, de manera que estos últimos terminan por verse abyectos a sus propios ojos, al acomodarse al punto de vista de quienes los desprecian”5. Esto quiere decir que el oprimido comienza a ver el mundo a través de los ojos de su opresor y acepta casi de forma voluntaria la naturaleza de la diferencia social. Para esto la ciencia, como explica la Doctora Carmen García Gil se convierte en una institución pragmática que al destituir la hegemonía cristiana se convierte en el nuevo dogma de fe occidental.6

La ciencia como método de conocimiento antes accesible a todos los que se podían permitir estar en búsqueda de la verdad se convierte en un productor de conocimientos que se debe a otros poderes como lo son el político y el económico que dirigen su mirada a unos intereses particulares de unos particulares. Por esto a Simone Weil le parece imperativo reivindicar el trabajo manual, ella dice que “una civilización plenamente humana sería aquella que tuviese el trabajo manual como centro, aquella en la que el trabajo manual constituyese el supremo valor”7. Si el trabajo manual y en particular el agrario lejos de ser una deshonra se convierten en
piedra angular de la sociedad todos estaríamos al mismo nivel y existiría una real equidad en la estructura social.

Simone Weil postula que los trabajadores deben recibir la mejor educación ya que mientras más alto es el nivel de cultura y conocimiento general menos son los deseos de poder. Llegada a este punto comienzo a observar como las dicotomías en ella convergen y coexisten pues como mencioné anteriormente el conocimiento elitista es causa de conflictos de poder pero el conocimiento sin fronteras sociales se presenta con el efecto contrario de abandono de la ambición corrupta.

Esta habilidad de buscar los nexos entre los opuestos me parece extraordinaria. Las personas somos muy complejas y en la medida en que seguimos valorando los binomios limitamos nuestro perímetro de acción y reacción. Así es como su teoría del arraigo y desarraigo se aplica perfectamente a la condición del pueblo trabajador sometido a un poder que poda las raíces nuevas que van aferrándose a un suelo que ya no les pertenece situación que converge con la valoración del desprendimiento material para acercarse al plano espiritual.

Silvine Courtine, en su ponencia, dicto las causas del fenómeno del desarraigo que establece Simone Weil de esta manera:
“Los síntomas del desarraigo campesino se demuestran por el éxodo rural y por la desaparición de la cultura campesina a cambio de distracciones necias que han llevado a la extinción de la inteligencia. Las causas de este desarraigo son la seducción de la modernidad contaminada por la vida urbana y el complejo de inferioridad del campesino, que se siente abandonado con respecto a los ciudadanos”. (p.5)

Como he mencionado anteriormente el sistema social alimenta con diversos mecanismos esas diferencias económicas y sociales que justifican y naturalizan la marginación y la pobreza, eslabones imprescindibles para perpetuar el dominio a nivel simbólico y práctico.

Por otro lado, Weil, incorpora en su discurso el universalismo católico como ideal a seguir “es decir, no estar ligado por un hilo a nada que sea creado, sino a la totalidad de la creación”8. Este mismo ideal de desarraigo es el que no le permite abrazar la fe católica que se desarrolla en el seno de una institución hegemónica que arrastra, a través del tiempo, una gran dislocación entre lo teórico y lo practico, además “la Iglesia y el trabajo impiden el trabajo del pensamiento porque hay que entregarse a ella en cuerpo y alma”9 La filosofía católica llevada a la práctica limita a sus seguidores ya que se sitúa dentro de un contexto social que valora el capital sobre lo
espiritual. Para ser parte de la comunidad hay que iniciarse en ella y seguir unas normas que establecen una relación jerarquizada entre lo divino y los miembros de la comunidad eclesial.

Con esta ideología de desarraigo llego a otra de las intersecciones de la cruz porque el arraigo según Weil es una necesidad espiritual. Tan firme es su convicción en la necesidad de integración del ser humano a una comunidad que criminaliza todo lo que no permite la gesta de esta ideología. El espíritu y la razón se encuentran en esa cruz.
Es interesante como de esa ideología surge el concepto de lo que implica la palabra Nación, que según Weil es “alma, un principio espiritual”10 que no se limita al ámbito geográfico del colectivo humano sino a lo trascendental y lo sublime que une e identifica a un grupo de individuos en esa subjetividad emocional. Es necesario apartarse del mundo material sabiéndose parte de una comunidad que por su naturaleza vela por los bienes comunes. Aquí se inserta una cuña que incomoda esta visión de nación pues ésta no se aplica al colectivo judío que según Weil a través de la historia hebraica han sido unos desarraigados e idolatras que propagan el desarraigo. Simone siendo descendiente de judíos reniega de su relación con ellos y se siente identificada con la tradición católica que predica la vida en plenitud del mundo espiritual.

Como he desarrollado en esta reflexión sobre la filosofía de Simone Weil es importante recalcar que la complejidad de su pensamiento no se puede reducir a una búsqueda de la igualdad homogénea o la verdad absoluta pues va en contra de su reiterada oposición al totalitarismo. La complejidad y la riqueza que incorpora en sus propuestas son parte integral de su propia vida. Su voz es una voz que surge desde la experiencia, ella quiere vivir en la realidad reconociendo los obstáculos que esto supone y descubriendo en ellos las posibilidades de crear algo nuevo persigue el reto de la redefinición de las cosas. Ella se implica y espera implicar a los que se atreven a acercarse porque tal como dijo Carmen Revilla en su ponencia “conduce a una descripción de la realidad de despiadada lucidez” y hay que aceptar el desafío.

1  Carmen Revilla Guzmán, “Bajo el peso de la espera”. En torno al pensamiento de Simone Weil , II

Congreso Internacional de mujeres singulares: Simone Weil, Sevilla, 2009, p. 1.

2  Op. Cit.

3  Courtine-Denamy, S., Tres mujeres en tiempos sombríos. Edith Stein, Hannah Arendt, Simone Weil o

Amor fati, amor mundi,  Trad. Tomás Onaindia, Edaf: Madrid, 2003, p. 118.

4  Op. cit. p. 114.

5  Wanda Tommasi, Una singular desdicha: ser mujer , II Congreso Internacional de mujeres singulares:

Simone Weil, Sevilla, 2009, p.4.

6  Profesora de la asignatura Perspectiva de género en la construcción del conocimiento científico

 impartida dentro del Master Oficial de Estudios de Género y Desarrollo Profesional de la Universidad

de Sevilla curso 2009-2010, notas de los días 20 y 27 de octubre del 2009.

7  Courtine-Denamy, S., Tres mujeres en tiempos sombríos. Edith Stein, Hannah Arendt, Simone Weil o

Amor fati, amor mundi,  Trad. Tomás Onaindia, Edaf: Madrid, 2003, p.115.

8  Simone Weil, A la espera de Dios , citado en Courtine-Denamy, S., Tres mujeres en tiempos

sombríos. Edith Stein, Hannah Arendt, Simone Weil o Amor fati, amor mundi,  Edaf: Madrid, 2003,

Trad. Tomás Onaindia, p.60.

9  Courtine-Denamy, S.,Tres mujeres en tiempos sombríos. Edith Stein, Hannah Arendt, Simone Weil o

Amor fati, amor mundi,  Trad. Tomás Onaindia, Edaf: Madrid, 2003, p.80.

10  Op. cit., p. 6.

revista la otra pagina © Laotrapagina.com | Queremos que este sea un lugar propio en el que todo aquello que tenga relación con la mujer pueda ser escrito y publicado, comentado y debatido; también criticado, con buenas prácticas.
Desarrollo web: Olivier Bertoncello Data Consulting
Domingo 30 de abril de 2017 - 20:48