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¿Resignificar?

Lidia S.

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A la palabra resignificar la resignificaron ¿Resignificar?

A la redacción nos ha llegado este artículo que, por su interesante y debatible contenido, hemos pensado que merece ser publicado junto con las fotografías que el mismo incluye.

Víctima de las paradojas de la política, a la palabra resignificar la resignificaron tanto que quien se atreva a resignificarla un buen resignificador será. Así, como un trabalenguas es el uso que se le da a la resignificación; no hay reunión, fiesta, marcha, plantón, abrazatón, besatón, performance, baile o desfile que no la incluya. Si no me creen solo atrévanse a preguntar “¿y para qué es el plantón? La respuesta inmediata, casi automática es, “pues para resignificar” y luego viene ese largo e incomodo silencio que indica que esa es toda la explicación que se obtendrá.

Recuerdo que en nombre de la resignificación las organizadores del 12 Encuentro Feminista organizado en Bogotá justificaron su realización en un hotel propiedad de la fuerzas armadas de Colombia, con argumentos como: “es que chicas cuando nos vean caminando por los pasillos del hotel con nuestras consignas, con nuestros cuerpos desnudos, pues lo vamos a resignificar, me imagino la cara de los militares” otra más audaz llegó a comentar “y hacemos actividades dentro del hotel o dejamos consignas en los baños” debo admitir que ese ha sido el peor momento que le he conocido a la palabra resignificar. Pero la lista sigue: marchas de hombres con tacones para resignificar la masculinidad; visitas de media hora a lugares peligrosos para las mujeres para resignificarlo como lugar seguro; jornadas de grafitti para resignificar cualquier cosa; topless para resignificar cualquier otra cosa; matrimonios igualitarios para resignificar el matrimonio, feministas heterosexuales que se casan para resignificar el heteropatriarcado, y claro la inversión en bombillos y pintura rosada del programa Ciudades Seguras para resignificar el gasto de dinero…

Todos esos usos han sido un descubrimiento para mí, no sabía que una palabra podía servir para tantas y tan diferentes “estrategias políticas”. Supongo que la razón de mi perplejidad se debe a que siempre entendí la resignificación como un ejercicio por la disputa de sentido, llevado a cabo por sujetos/as no legitimados que intentan hacer estallar una larga cadena de significado construida por la hegemonía. Resignificar no es agregar una acepción o un sinónimo más, es remover la cimiente misma de una idea.

Les pongo un ejemplo, hace semanas vi una fotografía de unas campesinas veracruzanas caminando desnudas por el Paseo de la Reforma en el D.F, con bolsas de plástico, sombrero y sandalias, sus cuerpos oscuros y fuertes, con cicatrices, moldeados por el duro trabajo deja a quien mira con sensación de asombro e incomodidad, todo resulta tan fuera de lugar porque los cuerpos de las campesinas son para trabajar no para ser exhibidos o vistos. Por otro lado piensen también en las fotos de femen, con unas chicas rubias, delgadas, en la onda flower power, con poses de lucha a lo Lara Croft (Angelina Jolie). Esta imagen no causa incomodidad, más bien parece conocida y fácil de comprender, gusta a primera vista. La primera foto mereció algunos comentarios en círculos activistas, pero las de femen fueron un éxito mediático. La primera imagen perturba la idea establecida sobre lo que significa ser campesina, es probable que durante algunos días la gente dejara de pensar en la caricatura de falda y poncho. Con femen es probable que mucha gente pensara que era alguna campaña de responsabilidad social empresarial de una casa de modas.
No todo vale como resignificación, no cualquier acción tiene la capacidad de chocar con el sentido común, ni de trastocar el orden de la vida social, de hecho muchas de esas acciones que dicen resignificar son rápidamente reapropiadas por la hegemonía, por el establecimiento que las adorna y de paso se reinventa en la corrección política. Seguro un día entraremos al Hotel Tequendama y encontraremos una foto de esas feministas con los militares exhibida como símbolo del respeto por la diversidad y la libertad de expresión que profesa el ejército de Colombia.
Lisa S.

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Jueves 23 de noviembre de 2017 - 08:23