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Valores que practican los hombres en la prostitución

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Valores que practican los hombres en la prostitución

La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueven la prostitución infantil. La legalización/despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución.

Mientras que los Parlamentos crean comisiones de trabajo para preparar la legalización de la prostitución, la televisión nos va lanzando mensajes, unos explícitos y otros ocultos, para que la admitamos, cuando ya los Parlamentos saquen sus propuestas a la luz. Varios programas televisivos van potenciando que algunos argumentos lleguen a la población: "hay que dejar los tabúes ante el sexo y aceptar la prostitución", "los que no admiten la prostitución es porque tienen doble moral", "los clubes de alterne se preocupan ahora mucho de que las mujeres tengan condiciones dignas, no es como antes…", "cada uno es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera...", "si los hombres lo necesitan..." Los Medios hacen su trabajo y los Parlamentos el suyo. Por eso, mientras ellos están buscando cómo adaptar la actual prostitución a sus necesidades, también podemos ir haciendo el trabajo de desenmascarar los objetivos que tienen los que la dirigen y los valores que practican los que son clientes de este comercio. Valores que son en su mayoría comunes aun teniendo en cuenta el diferente perfil de estos clientes. En general, en la calle compran hombres de mediana edad, obreros, y con pocos estudios y en los pisos, hombres de clase media y alta, casados y con hijos o hijas y de todas las profesiones. Un porcentaje elevado demandan sexo y una escasa minoría, conversación y compañía.
Todos ellos manifiestan estar habituados a experiencias pobres de placer sexual. Expresan su falta de libertad para expresarse sexualmente. Siempre han pensado que la relación sexual es algo reducido solamente a lo genital, identifican el pene como único órgano sexual y el orgasmo de segundos como si fuera la máxima o única reacción de placer sexual. Viven en soledad, aunque estén rodeados de personas, metidos en el barullo del gentío o inmersos en múltiples relaciones laborales. Son frecuentes las ocasiones en las que detrás del cochazo en el que llegan, la apariencia de poderío y las actitudes exigentes con las mujeres que les sirven, esconden una gran debilidad y una alarmante falta de desarrollo humano personal. Muestran una extrema carencia de recursos personales para identificar los propios sentimientos, para expresarlos con palabras y con el cuerpo, para comunicarse, para escuchar y para interesarse por otra persona. Su falta de autoconocimiento y autoaceptación, son la base de su fatua prepotencia y de sus atrevimientos. A estos valores que practican en el comercio sexual, se suma la profunda falta de valoración que tienen de las mujeres en general y en algunos, la falta de interés por conocer a la mujer con la que se casaron y de contar con ella para experimentar cómo satisfacer la necesidad sexual, la concepción generalizada de que cualquier mujer es una cosa que ellos pueden poseer e incluso comprar, la falta de respeto con que tratan a las mujeres que les van a hacer los servicios sexuales, el desprestigio con que hablan de ellas y el desprecio con que nombran la palabra puta. Y también se suma, la escasa educación que han recibido las mujeres para vivir la sexualidad desde la libertad, para expresarse sexualmente sin miedos, la diferente forma que tienen de concebir y necesitar la expresión sexual, los habituales comportamientos derivados del esquema de relación sumisión –dominación a los que están acostumbradas… Por eso, es fácil reconocer que todo ello habla más de miseria sexual que de libertad sexual. Sin embargo, los Parlamentos, los medios de comunicación, algunos políticos, algunos progres, nos están preparando a la población para que llamemos libertad sexual a la miseria sexual.

Partido Feminista – Alderdi Feminista

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Domingo 25 de junio de 2017 - 14:09