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Valores que practican las mujeres en la prostitución (Y 2)

Valores que practican las mujeres en la prostitución (Y 2)

La legalización/despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad. La legalización/ despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres.

Conocido es que casi el cien por cien de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen desde la miseria económica. Y tras la dureza de este dato se esconde un valor positivo practicado por las mujeres: Ellas, saliendo por encima de toda opresión a la que se han visto sometidas, han sido capaces de buscarse la subsistencia. En el caso de la prostitución, son capaces de enfrentarse a experiencias tan fuertes como salir de su tierra, de su entorno familiar y social, enfrentarse con las dificultades de la lengua, la exigencia de "papeles", los peligros de buscarse la vida en soledad..., Es la búsqueda de diferentes formas de salir de la miseria a la que les aboca este modelo de organización social patriarcal. La mayoría de las mujeres hemos aprendido a ser responsables de la vida y cuidado de otras personas y algunas, cuando ven que no pueden colaborar a la subsistencia más elemental de las personas más queridas, se ven abocadas a conseguirla por todos los medios a su alcance e incluso a través del comercio sexual. La mayoría de las prostitutas defienden con uñas y dientes la dignidad de su cuerpo. Por paradójico que parezca a quienes las miran con inconfesables recelos, ellas suelen expresar la aceptación de las reglas de juego del comercio sexual y la repulsa o denuncia de lo que significa abuso de poder de los clientes. Han dado a conocer sus múltiples quejas sobre las agresiones sexuales que padecen en la calle, por parte de cualquier hombre que se siente prepotente ante ellas o que tiemblan ante la mirada frontal que ellas les lanzan. Han denunciado repetidamente los malos tratos que reciben en su cuerpo, por tantos hombres que quieren sacar beneficios de la explotación de sus cuerpos. La práctica de estos valores aumenta los grados del respeto básico como personas, que se merecen las mujeres que se han visto obligadas a vivir de la prostitución. Desde estos valores positivos acceden al comercio sexual, pero esto es compatible con el reconocimiento de que tal mercado está basado en criterios negativos que tienen que aceptar y que en demasiadas ocasiones los van convirtiendo en valores negativos que asumen e incluso defienden, tales como, priorizar ante todo el criterio de lo que produce beneficio económico. "todo está bien, todo vale si me da más dinero". Es un criterio que rechazamos frontalmente si se aplica a la adulteración de drogas o de materiales de construcción de una casa, a la venta de estupefacientes a la salida de una escuela, al soborno, a la venta intelectual a cualquier precio, etc., pero que ahora, algunas personas quieren hacer ver que para las prostitutas es aceptable. Al ejercicio de la prostitución llegan también muchas mujeres desde las adicciones, ansiedades o diferentes presiones familiares y sociales. Y esto pone de relieve una vez más, la dependencia económica de las mujeres respecto a los hombres y a las fuentes de economía creadas por ellos. Igual que para los hombres, para ellas, la miseria sexual, es uno de los orígenes del camino que les conduce a la prostitución. No acuden desde su libertad sexual, ni desde experiencias de estados orgásmicos a buscar mendrugos de pan duro, sino más bien desde un escaso conocimiento de su cuerpo y de sus posibilidades de placer, desde una experiencia del cuerpo colonizado y agredido, o desde la imitación de los códigos de conducta de la sexualidad masculina. La baja autoestima y autovaloración que las mujeres expresan en su práctica de prostituirse por dinero, como reflejo del desprestigio y estigmatización con que la sociedad las mira y piensa en ellas, acentúa y confirma el rol asignado a todas las mujeres. Habitualmente, la frase de que la "prostitución es un trabajo como otro cualquiera" la dicen quienes están fuera de la práctica organizada de la prostitución, sobre todo los hombres. Un escasísimo número de quienes la practican pueden pronunciar esta frase porque para la mayoría no es un trabajo del que presumen sino una práctica obligada que ocultan. La reafirmación de estos valores negativos nos da idea de cuánto puede interesar a los Gobiernos del mundo, a ciertos sectores de hombres, a las mafias que dirigen la prostitución y a la cultura masculina que se legalice la prostitución. Sería un instrumento más para mantener la estructura de jerarquización sexista que deja bien claro cuál es el puesto a ocupar por quien haya nacido hombre o por quienes practique la cultura masculina, sean del sexo que sean.Partido Feminista- Alderdi Feminista

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Miércoles 29 de marzo de 2017 - 05:21