Vindicación Feminista - 1 de Agosto de 1976
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Cada día puede morir una mujer

-Perdone… estoy un poco alterada… no me expreso con claridad… -La mujer sentada frente a mí, lleva gafas obscuras que ocultan parcialmente los hematomas que rodean un ojo. Las mismas señales se repiten en la mejilla y en los brazos. Balbucea al hablar, intentando dominar las lágrimas, que además de dar testimonio de su flaqueza, le causan un dolor suplementario en el ojo herido.  -Venía a consultarle qué posibilidades tengo… desearía separarme… la convivencia con mi marido se ha hecho ya muy difícil.  Las frases son escuetas. No utiliza ningún adjetivo calificativo que definan el dramatismo de una situación, que no por inhumana deja ser para ella su cotidiano vivir. Dos, tres, siete años, la relación matrimonial, amor, realización sexual, comunicación, dificultades compartidas y alegrías comunes, se resumen para ella en la repetición mecánica y despersonalizante del trabajo doméstico y el miedo, el constante miedo, del reencuentro diario con su amo.  Durante quince años, el promedio de tres consultas diarias sobre separaciones matrimoniales, tiene como causa, en el noventa por ciento de las veces, los malos tratos de palabra y obra por parte del marido. Lo que en los eufemísticos términos se llama sevicias. Las mismas cifras ofrecen la estadística de los procesos presentados ante los juzgados y tribunales eclesiásticos, y los archivos de los abogados dedicados a esta especialidad.  Las agresiones continuas que sufren las mujeres dentro del matrimonio en la mayoría de los casos, sólo llevan a extender un simple parte médico de pronóstico reservado por el facultativo del dispensario municipal, que concluye en juicio de faltas, donde el conciliador ministerio fiscal hace varias consideraciones paternalistas sobre la necesidad de reconciliación del matrimonio.  Un porcentaje más pequeño es objeto de apertura de sumario por lesiones que tardaron en curar más de quince días. Y antigua pero repetida jurisprudencia del Tribunal Eclesiástico afirma, que tales sucesos constituyen la carga habitual del matrimonio que debe ser sobrellevada con paciencia. Algunas veces la víctima intenta defenderse y hasta contraatacar. La relación de fulleras la conduce inevitablemente al fracaso. Después de la primera batalla perdida ha de firmarse la rendición sin condiciones. La ayuda de familiares, amigos y vecinos se concreta en los sabios consejos milenarios de paciencia, resignación y mano izquierda, habilidades que una mujer debe poseer desde el principio de su existencia en razón de su sexo.  Cuando la marcha nupcial termina en el depósito de cadáveres  En los últimos cinco meses la crónica negra de las páginas de sucesos y de tribunales, solamente de la prensa barcelonesa, ha relatado nueve casos de asesinato de esposas o novias, a las que el novio o marido decidió castigar severamente su desatención afectiva o la supuesta infidelidad conyugal.  El veinticuatro de marzo se encontró el cadáver de la joven Ana María López Sánchez, de dieciséis años de edad, enterrado en un descampado próximo a Alicante. Su novio había resuelto ya el problema de sus celos.  El mismo día se celebraba en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Barcelona, el juicio contra el hombre acusado de amordazar a su amante e incendiar con gasolina el apartamento después de haberla atado a la cama. En su informe, el fiscal sostuvo que sólo cabe hablar de reacciones emotivas un poco desaforadas del procesado, que se había convertido en incendiario por haber creído ver salir del apartamento de su escamante a otro hombre. El artículo del periódico se titulaba "Crónica de un tiempo romántico".  El veintinueve de marzo dos jóvenes estudiante, Georgia Invernizzi y Fabricio de Michelis, asesinaron a Olga Julia Calzoni, de dieciséis años, en Milán. La joven mantenía una asidua amistad con los dos, aunque manifestaba sus mayores preferencias por Invernizzi.  El dos de abril falleció en un centro médico de Palma de Mallorca, África Aragón Medina, de veintiocho años. Su novio, Jesús Fernández Heredia, de veintinueve, pasó a disposición judicial como presunto autor de las heridas que le causaron la muerte, afectado por un ataque de celos. El mismo día, "La Vanguardia" publicaba un artículo de Sebastián Juan Arbó donde recordaba su anterior crónica: el marido llegó a las tres de la madrugada, ebrio; la mujer estaba atada al pie del camastro con la cadena (situación en la que se encontraba habitualmente); el marido la desató, le quitó las ropas, dejándola desnuda, y empezó a pegarle; cogió después un palo y continuó pegándole hasta causarle la muerte.  El veintiocho de marzo Salvador Avenia Navarro, de veintisiete años, tiró por el hueco de la escalera del hostal de la calle General Castaños 14, de Madrid, a su novia Isabel Gómez Rodríguez. La muchacha se había negado a acostarse con él.  El once de junio el súbdito mexicano José García Pena, intentó pegarle fuego a un avión. Había asesinado a su primera esposa, por lo que tuvo quince años de cárcel, y en ese día acababa de matar a su segunda esposa y a su hija.  El dieciséis de junio, María Paz Morilla Ortega, de 36 años, profesora de matemáticas, fue asesinada a cuchilladas en plena calle en Sevilla por su marido, Pedro Gallardo, licenciado en derecho, funcionario intachable de la Audiencia Provincial de Sevilla. María Paz, había instando proceso de separación matrimonial.  En estos cinco meses, sin haber pretendido ser exhaustiva en la relación, el número de mujeres asesinadas por el hombre con el que mantenía una relación afectiva, es superior al de muertos en enfrentamientos con la policía en manifestaciones callejeras. Son muertas anónimas, sin gloria ni honor.  En este mismo periodo de tiempo, en nuestro pacífico país latino, se han empezado a alcanzar las cotas de violaciones que registran los índices americanos y europeos. Nueve noticias sucesivas dan cuenta de violaciones, abusos deshonestos, intento de violación, apaleamientos y malos tratos a mujeres desde los seis años hasta los treinta y cinco. Algunos de los autores actuaban en pandilla, otros en solitario, utilizando las técnicas más diversas: como la del que escalaba las fachadas de los edificios de Madrid, para violar y robar a mujeres, amenazándolas con un cuchillo; el que obligó a desnudarse a una mujer en un solar detrás de la facultad de Farmacia de Barcelona y la golpeó después, hasta producirle lesiones de consideración: el que consiguió a base de golpes, que la víctima, de 19 años, después de violada, declarase que su último recuerdo era que se hallaba en una discoteca. Un argelino no tuvo tanta fortuna, porque la joven, de 15 años de edad, se defendió del brutal ataque mordiendo con tal fuerza al agresor en una mano, que se rompió un diente. El conquistador se dio a la fuga después de golpearla y arrastrarla por el cabello.  Estas noticias tratan sólo de las violaciones que las víctimas se atrevieron a denunciar. El procedimiento de denuncia y posterior publicidad inevitable, acompañado del examen médico y de los consiguientes interrogatorios, les hacen desechar toda idea de pedir auxilio a la justicia. Auxilio que, por supuesto, sólo se puede concretar, a posteriori, en consejos y consuelos.  No tenemos ningún dato respecto a los embarazos y alumbramientos que como consecuencia inevitable se deriven de esos actos de amor. No hay que olvidar que el aborto no está permitido en ningún caso, ni por circunstancia alguna. La historia posterior de esas madres, de esos niños, de esas púberes desfloradas, con la mayor brutalidad imaginable, permanece ignorada.  Y todas somos víctimas diariamente de la agresión de honor: el piropo obsceno, los comentarios insultantes o despreciativos, el roce furtivo en el metro o en la calle, el enfrentamiento verbal y la humillación constante a nuestra dignidad de personas. Antesala de mayores agresiones, de brutalidades infames, a que nos condena el sexo.  Cada día puede morir violentamente cualquiera de nosotras. Cada día morimos un poco, derrotadas en el esfuerzo por mantener nuestra propia estima, por salir del ghetto del sexo despreciado.  Fdo. Lidia Falcón Publicado en:  Vindicación Feminista el 1 de Agosto de 1976

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