Relaciones de género
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¿QUÉ SIGNIFICA SER MUJER?

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¿QUÉ SIGNIFICA SER MUJER?

A la mayoría de las mujeres nos está tocando vivir una gran mentira. A algunos hombres, también.

La percepción cultural de la categoría mujer varía, de manera abrumadora, a través del tiempo y del espacio y, por qué no decirlo, a través de las diferentes escuelas sociológicas, filosóficas y antropológicas. Al filósofo y sociólogo alemán George Simmel , en el análisis que hace de la cultura le llamaban la atención dos procesos: la independencia de las cosas respecto de las condiciones de su origen subjetivo y la forma en que las personas objetivizan diferencialmente (varones/mujeres) la realidad social. La concepción de cultura incluye la objetivación de la experiencia humana. El tema principal del estudio es, entonces, las difíciles y borrosas relaciones entre la subjetividad y la objetividad, entre la sustancia y la forma, entre la visión lógica y la pasional, entre el punto de vista del varón y el de la mujer. G. Simmel va un poco más allá: intenta analizar las formas en que la mujer objetiviza su experiencia social, en abierta contradicción con la cultura dominante que es la masculina. Se plantea entonces una polémica: ¿Es posible una cultura femenina independiente? ¿Es este proyecto realizable? La cultura, para este autor, es la perfección de los/las individuos lograda como resultado del espíritu de objetivación en la historia de la especie. Utiliza la expresión "cultura objetiva" frente a otros rasgos culturales no dominantes. Casi por exclusión afirma que la única cultura dominante es la del género dominante, es decir, la masculina. "Con excepción de muy pocas áreas, nuestra cultura objetiva es fundamentalmente la del varón. Son los varones quienes han creado el arte y la industria, la ciencia y el comercio, el estado y la religión". No existe pues la "cultura de las mujeres", sino la de los varones. La cultura femenina es fundamentalmente subjetiva, debido a la naturaleza propia de la mujer. La mujer aparece como un ser diferente del varón. La mujer es más constante, más sensible, más piadosa, menos objetiva, menos lógica y más dada a la reproducción. Lo distintivo de la mujer es que su experiencia social es inseparable de su ser total integral. De aquí se deduce que la mujer es incapaz de un acto de producción original y que, cuando produce algo, es con un modelo masculino y además bajo una forma masculina de evaluar su producción. No queda claro nunca si las diferencias que este autor observa entre los dos géneros son porque siempre lo han sido así, lo son por naturaleza o si es posible un cambio real de las estructuras sociales y de las culturas dominantes. G. Simmel aparece poco proclive al cambio social y menos aún en transformaciones revolucionarias. Volvemos a la pregunta inicial: ¿qué significa ser mujer? La socióloga Isabel Aler en su "introducción a la Sociología del Género", apunta que "al introducirnos en el tema del género desde una perspectiva sociológica solemos orientar nuestras expectativas hacia el conocimiento de la situación de las mujeres en las sociedades contemporáneas. Sin embargo, la sociología del género no consiste simplemente en una nueva forma de referirse a la sociología de la mujer –en realidad de las mujeres- o a la sociología de la familia, especialidades de las que entre otras, como la sociología de la ciencia, del conocimiento, la ecosociología, etc., bien es cierto que emerge, al tiempo que contribuye al desarrollo de sus fundamentos". Más adelante, esta misma autora señala que la noción del sexo se emplea además de para indicar la actividad sexual, para referirse a las características biológicas y anatómicas de los varones y de las mujeres que son fruto del proceso biológico de diferenciación sexual o sexuación –se nace con ellas. La noción de género se reserva para las diferencias psicológicas, sociales y culturales entre varones y mujeres –se aprenden. Género.- Según el Diccionario de la Lengua Española – Real Academia Española, Vigésima Segunda Edición, en su primera acepción señala: "m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes". En su segunda acepción apunta: "clase o tipo a que pertenecen personas o cosas", En su acepción novena, la más extensa, dice: "Biol. Taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres. Género femenino. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo femenino, algunos animales hembra y, convencionalmente, seres inanimados. Género masculino. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas sexo masculino, algunos animales macho y, convencionalmente, seres inanimados. Los mismos atributos son dados a ambos géneros. No vemos diferencias que nos llamen la atención. En el lenguaje político contemporáneo de occidente, se utiliza la idea de género sobre todo ligada a las mujeres. Hasta tal punto esto es así, que muchas personas creen que sólo las mujeres tenemos género, y que cuando decimos "género" estamos hablando de las mujeres. No obstante, al hablar de género, estamos hablando de una cualidad histórica construida no sólo para las mujeres, sino también para los hombres. Ser mujeres o ser hombres es ser genéricamente definidos: la teoría del género abarca a todas las personas, varones o mujeres. Sin embargo, muchas sociólogas y muchos sociólogos para construir lo histórico han utilizado una serie de recursos teóricos que tienen que ver con formas específicas de análisis que les han permitido desentrañar qué significa ser mujer y qué significa ser hombre; teorías sobre las formaciones sociales que nos colocan en qué universo se es mujer o se es hombre; teorías sobre otras agrupaciones sociales que estructuran redes y relaciones sociales, como teorías de clases, castas, etc., y teorías sobre la conformación racista del mundo. ¿Qué son los géneros? ¿Cómo se constituyen? Todas las sociedades de las que tenemos estudios han organizado a los sujetos que los componen en torno a los géneros. La mayoría de las sociedades que conocemos han construido sistemas genéricos conformados por dos géneros. No obstante, hay pruebas de que han existido sociedades –ya en extinción- que han conformado sistemas de género con cuatro, ocho y hasta con doce géneros, A través de múltiples formas –a veces violentas- se ha impuesto la ideología dominante de lo "natural", es decir, la existencia de sólo dos géneros: masculino, femenino; mujer-hombre. Hay antropólogos y antropólogas que señalan que la primera crítica de nuestra cultura es hacernos creer que es un hecho natural que seamos mujeres u hombres, y que de ser natural es universal. No vamos a adentrarnos ahora en averiguar si estamos o no de acuerdo con esta teoría, pero sí estaremos de acuerdo en afirmar que todo en los procesos humanos es histórico, y no un pedacito sí y el otro no. Lo que llamamos género desde esta visión resulta en realidad una categoría. Todas las personas hemos aprendido, no heredado, el conjunto de esos atributos que se nos originan por ser mujeres o por ser hombres. Decía Simonne de Beauvoir que no se nace mujer u hombre, sino que se nace con un cuerpo que adquiere un significado en este mundo. Lo primero que nos sitúa en este mundo es el cuerpo, porque tiene un valor histórico y nos sirve como un instrumento de valoración en la sociedad. Nuestro sistema de géneros es un sistema que construye y organiza las diferencias; es un sistema de inclusión –si tengo un cuerpo reconocido como femenino, quedo incluida en el género mujer, y si tengo un cuerpo masculino, quedo incluido en el género hombre. Pero éste es, sin lugar a dudas, un sistema de exclusiones: el tener un cuerpo femenino me está excluyendo de estar en el género masculino, y viceversa, tener un cuerpo masculino excluye a los varones de estar en el género femenino. Nacer mujer en nuestro sistema de género significa no hacer las actividades de los hombres, no obtener las funciones de los hombres en la sociedad, no tener sus relaciones, ni sus formas de comportamiento, ni su subjetividad (aquella de la que hablaba el sociólogo Simmel). Al revés, ser hombre es no hacer las cosas de las mujeres, no tener sus funciones, etc. Y a la vez, ser mujer u hombre es hacer obligatoriamente las actividades correspondientes a nuestro género. Es de esta manera como se clasifica a los sujetos, se les especializa y se les antagoniza para después decir que son complementarios. No vamos a seguir platicando y menos teorizando sobre la complejidad del género, pero sí ahondar en el hecho de que la condición de género está organizada en torno a varios ejes y el eje central es la sexualidad. La condición del género es una especialización de la sexualidad y ésta es el núcleo que organiza su modo de vida. Y, a pesar de grandes teorías, a pesar de que se nos dice de múltiples y sibilinas maneras que no, que ya no es así, en el caso de la condición de la mujer, la sexualidad es el "fin" de su existencia. Las mujeres querámoslo o no, vivimos la sexualidad como una especialización que nos asigna a la reproducción en nuestros cuerpos y desde nuestros cuerpos. Por eso el cuerpo es un espacio privilegiado e intenso en la condición de la mujer, y por eso las mujeres somos reducidas muchas, muchas veces, a sólo cuerpos. La gran mentira Algunas personas –y algunas feministas también- en confabulación con los mandatarios del sistema nos dicen que la igualdad, esa igualdad social está ya superada, que es absurdo sentirse discriminada porque el sexismo ya está enterrado, que es un concepto obsoleto. No son estas las palabras exactas, pero sí vienen a decir esto mismo. Mis sentimientos al respecto –y pienso que el de muchas colegas también- son completamente opuestos. Quiero decir que el sexismo, el machismo y también la misoginia, tienen más fuerza que nunca pero que se manifiestan de forma soterradamente sutil, difícil, a veces, de percibirlos. Corría el año 1992 cuando Susan Faludi presentó su Backlash (Reacción). La crítica, allá, al otro lado del Atlántico, la tachó de exagerada, de alarmista, de dramática… Muchas mujeres apoyaron estas críticas. Sin embargo, de lo único se le puede tachar a Faludi es de tener una total previsión del patriarcado. Faludi platea que lo que ha hecho a las mujeres desgraciadas en la última década no es la igualdad –que todavía no la tienen- sino la creciente presión para detener, e inclusive dar marcha atrás a la búsqueda de las mujeres en pos de esa igualdad". Hay que releer su libro, estudiar cada frase, cada párrafo, cada palabra clave y nos daremos cuenta de que verdaderamente hemos pasado muchas cosas por alto y que las mujeres estamos viviendo una pertinaz reacción: el patriarcado sigue ahí fuera. El patriarcado existe: los sectores conservadores están logrando o han logrado articular una "reacción" difundiendo una imagen falsa y distorsionada de la mujer liberada, cuyo objetivo es el descrédito global del feminismo. Esta imagen ha llegado a penetrar en amplios segmentos de la clase media española. No se trata de una conspiración de cuatro señores maquinando en la antesala de la Moncloa; precisamente por eso es más peligrosa, al adoptar ésta una forma de una corriente cultural e ideológica. La reacción se está articulando en torno a dos ideas: la mujer ha conseguido prácticamente todas sus reivindicaciones, todas sus metas, y además ¡no es feliz! La mujer es dueña de su cuerpo, es autónoma, dirige su propia sexualidad. "El feminismo, señores y señoras, ha ganado la batalla", escuchamos decir cansinamente en programas de radio y/o televisión, a ponentes en charlas en círculos culturales, o se lee en alguna revista o periódico ilustrado. La mujer ha conseguido la igualdad, repiten "prestigiosos" políticos y políticas. Así, el resultado está claro, la mujer ya puede andar sola, ya no necesita protección. Al tiempo, doctos y doctas de la psicología o la sociología señalan que la mujer ha pagado un alto precio por su liberación: soledad, ruptura de la familia, depresión; tiene que renunciar al amor, a la maternidad, a su realización, susurran voces eclesiásticas... ¿Cuál es el mensaje soterrado de estos comentarios? Ahora sois libres, puede, sois iguales a los hombres, puede, pero jamás fuisteis tan infelices como lo sois ahora. Ese es el mensaje verdadero que reiterativamente transmiten los medios de comunicación, travestidos, la mayoría de las veces de atuendos científicos. Las separaciones, los abortos espontáneos, la no "fertilidad"... es achacada al feminismo. Y todo es mentira: ni las mujeres hemos alcanzado nuestras metas, ni el feminismo acarrea ninguna de esas sandeces. Cuando esos "expertos" hablan de "alcanzada igualdad". ¿A qué igualdad se están refiriendo? ¿Por qué las mujeres siguen representando los índices más altos de pobreza? ¿Por qué las mujeres que trabajan –igual puesto, igual cualificación- ganan menos que sus compañeros varones? ¿Por qué las mujeres siguen cautivas en puestos femeninos peor considerados y peor pagados? ¿Por qué hay tan pocas juezas, directoras de televisiones, radio y prensa, tan pocas jefas de estado y tan pocas decanas, por poner ejemplos simples? Y qué decir de las mujeres que trabajan en el hogar, ¿no son ellas las que siguen soportando el 80% de las tareas domésticas? Sí, quizás se haya dado un cambio: ahora hay algunos compañeros progres que ayudan –palabra fatídica- en las tareas domésticas. Sí, hay hasta quienes limpian los culitos de los bebes... No cabe duda de que estas afirmaciones reaccionarias están basadas en una gran mentira que argumenta, primero, que se han producido grandes cambios, y luego, que estos han sido nefastos para las mujeres. Ni los cambios han sido tales (un puñado de pequeñas victorias, si acaso, ganadas gracias, no cabe duda, al feminismo-, y desde luego, éstos –los cambios- no han hecho infelices, ni han deshumanizado a las mujeres. Lo que ocurre es que algunos hombres no pueden soportar la idea de que las mujeres sean las protagonistas de la película. Charito Piedra, periodista

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Lunes 01 de mayo de 2017 - 00:38