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CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

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CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

La Iglesia no acepta la emancipación de sus fieles (probas) femeninas. No acaba de digerir - tolerar (?)- su mayoría de edad, su independencia de raciocinio y, cual padre furioso, paternalista y dominante arremete contra ellas culpándolas de las catástrofes mundiales. ¡Y Eva comió la fruta prohibida! En castigo, Dios Padre los arrojó del Paraíso. Jesucristo, el hijo, en su paso por este valle de lágrimas, dijo "amad a vuestros enemigos" Pero, ¿no fue también Jesús el que dijo "el que no esté conmigo está contra mí"?

  Y desde entonces, las mujeres han estado sentenciadas a ser compañeras inseparables de Adán. Y, si como lleva ocurriendo durante un tiempo –muy cortito, dicho sea de paso- se aburren de andar por la vida cual siameses –mas que nada por la incomodidad que ello representa – y deciden arreglárselas por ellas mismas, pues, el representante de Jesucristo en la tierra les llama al orden. Y es lo que ha hecho el Vaticano a través de una carta dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica. Su eminencia, el Cardenal Joseph Raizinger, ha elaborado un documento –que ha sido firmado por el mismísimo Juan Pablo II- en el que "reflexiona mucho acerca de la dignidad de la mujer…", entre otras cosas. Dicho documento o carta quiere ser un tratado que despeja, con lúcida y filosófica fraseología la confusa idea que la mayoría de las féminas tienen sobre la diferencia entre hombres y mujeres; todo un sesudo pensamiento que clarifica la gran diferencia existente entre ambos sexos. Diferencia que se ha convertido en un tremendo problema y, el único culpable de ese problema es el feminismo pertinaz que ha confundido los roles y sacrificado la familia. Comienza el tratado diciendo que la Iglesia, siendo una experta en humanidad, siempre ha estado interesada en todo lo concerniente al hombre y la mujer. Frase muy genérica que no sabemos muy bien cómo tratarla porque, echando mano de la historia, podríamos preguntarle a su eminencia dónde estaba ese interés por las mujeres mientras la Inquisición hizo lo que hizo, por poner un único ejemplo. Sí, su interés por las mujeres es digno de tener en cuenta. Sigamos con su humanitario interés y preguntemos a su eminencia cómo se traduce su interés por las mujeres ultrajadas y violadas en Afganistán, Angola, Liberia, Irak, Sudán… Por las mujeres de países pobres esclavizadas y vendidas como producto sexual a aquellos países más ricos. Por las mujeres que en algunos países de África y de la región Este del Mediterráneo sufren, en nombre de la religión o de la cultura, mutilación genital (a menudo denominada "circuncisión femenina"). Por las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez. Por todas las mujeres silenciadas a lo largo de la historia. Por el trato vejatorio que sufren algunas mujeres católicas al querer participar en la jerarquía de la Iglesia. Por tanto sometimiento, sufrimiento, silenciamiento… ¿Dónde ha estado la Iglesia? Al lado de los explotadores, de los caudillos y de los dictadores, a veces, muchas veces, al lado de ellos mismos, justificándoles y justificándose eternamente. Y así dirá: "La guerra es a veces el remedio heroico, único para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverles al reinado de la paz. Por esto, la Iglesia a pesar de ser hija del Príncipe de la Paz, bendice los emblemas de la guerra, organiza Cruzadas contra los enemigos de la fe y funda Órdenes Militares. Comentaba Andrés Pérez Baltodano, en el Confidencial, a propósito de la carta de los obispos que ésta encierra una contradicción monumental. "El Vaticano argumenta que las leyes biológicas, creadas por el Dios de Ratzinger y de Juan Pablo II determinan lo que el hombre y la mujer son y pueden ser. Preguntémonos entonces: si la naturaleza y el rol social de la mujer están determinados por Dios y sus leyes biológicas, ¿por qué entonces se toma la molestia el Vaticano de escribir un documento para condenar los intentos de las mujeres para escapar de esas leyes y de la voluntad de un Dios omnipotente? Muy poca fe muestran en el Dios al que rezan, o en la biología que estudian, quienes se ven obligados a argumentar a favor de lo que ellos mismos consideran como un mandato divino y un ordenamiento natural". La historia nos habla de papas guerreros y sanguinarios que ocuparon el solio pontificio, organizando "guerras santas" durante sus pontificados: Juan VIII, Benedicto VIII, Gregorio VII, Urbano II, Celestino V, Bonifacio VIII…La Iglesia Católica, en lugar destacado, es la que ha abusado flagrantemente de su moralización de la guerra porque su Dios es el Dios del amor, bueno y misericordioso que ordena el amor al prójimo, incluido los enemigos y que, además prohíbe matar. Así, la guerra es incompatible con el mandato expreso de Jesucristo: "… un solo mandamiento les doy, que se amen los unos a los otros". Pero, el Papa Gregorio VII que ya pensaba ardientemente en la liberación de Jerusalén, pero que no pudo lanzar la primera cruzada al encontrarse ocupado en Occidente en una guerra del papado contra el imperio, dijo: "Maldito aquel que se oponga a teñir su espada de sangre". Y así, nos encontramos que el Papa PauloVI dijo: "Las guerras nacen del corazón de los hombres". Amén. La potestad del Romano Pontífice, dice el Código de Derecho Canónico de la iglesia católica, 'es suprema, plena, inmediata y universal' y 'la puede ejercer siempre libremente'. Además, 'no cabe apelación ni recurso contra una sentencia o un decreto del Romano Pontífice', que 'no puede ser juzgado por nadie'. (Cánones 331, 333 y 1404). Es decir, la constitución jurídica de la iglesia consagra y protege el absolutismo papal. Y es así que el cardenal Ratzinger, amparándose en este absolutismo papal, caricaturiza al feminismo utilizando estrategias denostadas al acusar a las mujeres (feministas) de ser las culpables de que la mujer de nuestro siglo crea que para ser ella misma debe convertirse en antagonista del hombre: "… A los abusos de poder responde con una estrategia de búsqueda del poder. Este proceso lleva a una rivalidad entre los sexos, en el que la identidad y el rol de uno son asumidos en desventaja del otro, teniendo como consecuencia la introducción en la antropología de una confusión deletérea, que tiene su implicación más inmediata y nefasta en la estructura de la familia…" El documento no tiene desperdicio y la misoginia y desprecio – ¿o sería más políticamente correcto decir desestimación?- que emana del mismo es capaz de encolerizar a la mente más pacifica. Pero eminencias todos, no lo van a lograr a pesar de su "potestad suprema" y a pesar de que el representante de Dios en la tierra se crea todopoderoso y omnipotente. Pues no señores de la Iglesia, ni callarán las voces de las mujeres ni lograrán imponer sus ideas unilateralmente. Hace tiempo que las mujeres dejaron de necesitar sus sabios y desinteresados consejos. Las mujeres no son ni se sienten culpables por nada. ¿Deberían acaso? Ya no es Dios el padre de bondad y de misericordia, sino el señor de los ejércitos. Se impuso el Dios del miedo. Natalia Martín. Periodista Desde el Vaticano nos llega un generoso y cristiano regalo navideño  Doce son los nuevos mandamientos de la Iglesia Católica aglutinados en el no menos nuevo catecismo recién sacado del gran horno del Vaticano, y presentado en sociedad por el cardenal Renato Martino, Presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz; a saber:  · La familia debe ser la célula básica de la sociedad · No al matrimonio entre homosexuales · Estos (los homos) deben ser respetados en su dignidad (?) · Deben (los homos de nuevo) ejercer la castidad · No a las parejas de hecho · No a los anticonceptivos · No a la clonación · No a la esterilización · No a las técnicas de fecundación (salvo excepción) (?) · No debe, la sociedad, ser indiferente a la "degradación de la familia" (?) · No al divorcio · No a la guerra preventiva   Estos doce nuevos mandamientos se encierran en dos, mantendrás tus narices fuera de los mentideros del Vaticano y perseverarás el matrimonio indisoluble. Amén.

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Miércoles 23 de agosto de 2017 - 13:51