El actual modelo de ciudad es un modelo que no sirve para casi nadie pero que dificulta la vida de casi todo el mundo
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A propósito de la Ciudad y El Tiempo de las Mujeres

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"Hay un vínculo entre violencia sexista y acceso a una vivienda digna" Miloon Kothari. A propósito de la Ciudad y El Tiempo de las Mujeres

Elplanteamiento se fija en un individuo con vehículo que trabaja fuera de casa. Esta es la tónica que han seguido desde tiempos inmemorables los responsables de la construcción de las ciudades. Olvidándose, desdeñando y no teniendo en cuenta a la mitad de las habitantes de las urbes. Como no podría ser de otra manera y a pesar de que existen mujeres urbanistas y en mayor proporción que en otros sectores, los puestos de decisión, los que tienen la última palabra, los que manejan los euros, siguen teniendo un perfil masculino. Las ciudades se diseñan según el patrón masculino, escuchando poco, poquísimo, más bien nada a una parte mayoritaria de la población: las mujeres.

Urbanistas, arquitectos, políticos… nunca pensaron –ni piensan- ponerse en la piel de las madres, de las esposas, de las amas de casa, de las personas mayores , de las personas con minusvalías físicas, en definitiva, con las mujeres que hasta la actualidad han sido –y siguen siendo- las que sufren con más intensidad estasbarreras arquitectónicas.

¿Cuando han contemplado los arquitectos el espacio para una mujer sola? A pesar de todas las que somos no parecemos ser una variable para el mercado. La presencia del hombre de la casa y sus respectivos privilegios se adivinan tras la arquitectura y la decoración.

Nuestra sociedad está cambiando y la mujeres la máquina que genera dichos cambios.Se ha incorporado al trabajo exterior, al trabajo visible, realizando también, no obstante, el trabajo invisible pero… la ciudad no se ha acomodado a este cambio, continua con su diseñoprimitivo: la ciudad que se está construyendo no refleja los nuevos modos de vida. Lasbarreras invisibles son tan fuertes queno hay necesidad de colocarcarteles que digan "acceso restringido" a todo individuo sin vehículo y que trabaje en casa. Todo lo contrario, el planteamiento de las ciudades está proyectado desde la perspectiva de unindividuo con vehículo que trabaja fuera de casa, que no hace uso de los transportes o de los espacios públicos, que viaja en avión y se ha obviado, han obviado, zonas verdes, corredores libres de tráfico para que niñas y niños puedan ir al colegio sin sus padres, madres, abuelas o tatas: la cultura de la eficacia versus la ciudad para vivir. Señalaba en una ocasión la arquitecta Isabel Cantillo que las personas responsables de diseñar un parque jamás han pensado en iluminarlos. ¿Para qué?, podrían preguntarse algunos individuos. Simplemente para que algunas personas, la mayoría mujeres que son quienes principalmente sufren la violencia, no tengan que dar un rodeo por miedo cuando anochezca.

Las ciudades que deben ser espacios para el encuentro, el intercambio y para la relación se diseñan con otra perspectiva, con otros intereses; se diseñan según un patrón masculino implícito, se diseñan para personas independientes, motorizadas, sin ningún problema de discapacidad, sin

'Existe una cultura del silencio sobre la vulneración del derecho de las mujeres a la vivienda y los Estados no aplican leyes adecuadas para acabar con la discriminación'. "Hay un vínculo entre violencia sexista y acceso a una vivienda digna"Miloon Kothari.

responsabilidades de mayores o

del cuidado de menores, sin

ninguna preocupación si hay o

no sendas peatonales para el

resto de la sociedad que carece

devehículo motorizado, o

espacios peatonalesen los

bloques para dejar los carritos

de los bebés... Este es el fruto

de un sector en el que predomina

el género masculino y que no está

por la labor de ser consecuente con el

cambio social producido. Como decíamos

anteriormente, las ciudades que "ellos" diseñan

son ciudades para moverse no para vivir.No obstante,

y dentro de nuestra ingenuidad, nos planteamos la siguiente cuestión:

¿si los hombres realizaran las mismas actividades estarían igual de concienciados que las mujerese intentarían solucionar los mismos problemas?Suponemos que sí.

Favorablemente, para latotalidad de la sociedad, las mujeres comienzan a hacerse con su espacio y a incidir en la arquitectura y en la urbanización de las ciudades, incorporando la perspectiva de género;aunque no es oro todo lo que reluce. Las pocas mujeres que han logrado acceder alsancta sanctórum del poder han pagado un precio muy alto para seraceptadas y algunas, muchas, han tenido que elegir y convertirse en una de ellosolvidándose de lo que una vez fueron;evitan todo contacto con aquello que les haga recordar su esencia de mujer. Han masculinizado su profesión y también su alma. Pero como decíamos anteriormente, cada vez hay más mujeres accediendo acarreras técnicas y así nos encontramos que también haymás urbanistas y más arquitectas que también tienen puestos directivos con lo que la situaciónde nuestras ciudades está cambiando; muy lentamente, pero ya se están produciendo ciertos cambios.

Y son ellas las que se están preocupando de transmitir alasadministraciones que no hagan oídos sordos a las exigencias de la mitad de la sociedad y que tengan en cuenta los cambios sociales que se han producido y hagan leyes acordes.

A propósito, las casas actuales. ¿Para quién están pensadas? ¿Para una familia tradicional? ¿Para un padre que trabaja fuera de casa, una madre que se queda en ella y dos hijos? Es decir, ¿tres dormitorios, salón y cocina independiente…? Se hacen viviendas estandarizadas para familias estandarizadas… olvidándose de construir viviendas más flexibles porque las familias ahora son distintas. ¿Por qué tiene que estar la cocina independiente y tener unos metros específicos? A lo mejor tendría que estar integrada en el salón. Esta ordenanza establece milimétricamente el número de habitaciones e incluso las dimensiones de cada una. Se especifica, por ejemplo, que la cocina tiene que tener un mínimo de seis, siete… metros cuadrados y tiene que ser independiente, ¿por qué? A lo mejor debería estar integrada en el salón porque la madre-mujer-compañera no es la asistenta y no quiere estar aislada del resto de la familia.

Sería estupendo no tener que hablar de género pero, ¿cómo no hacerlo cuando ni el mercado, ni la tecnología han conseguido dar solución a los problemas a los que nos enfrentamos cada día? El coste de la vivienda, localización, muchas veces en entornos degradados, escasa accesibilidad, dispersión, bajos niveles de habitabilidad, carencias constructivas, masificación, deterioro y destrucción del paisaje… nos obliga a tener que hablar de discriminación. Y utilizamos este sustantivo porque verdaderamente la ciudad no funciona ni para las mujeres ni para otros sectores: niñas y niños, claro está, las personas mayores, las que están paradas, las que sufren algún tipo de minusvalía o discapacidad.

La ciudad, tal y como se está diseñando actualmente, no facilita el camino hacia la creación de una ciudad más igualitaria; hay que repensarla. La construcción de nuestra ciudad agrede a sus habitantes, es hostil a todas las personas y mucho más a las frágiles o aquellas sobrecargadas de trabajo: mujeres con doble jornada, personas mayores, discapacitadas… es decir la mayoría de la ciudadanía.Eso nos lleva a un razonamiento empírico: no hay más remedio que hacer una ciudad más igualitaria si no queremos acabar igual que las urbes que nos muestran las películas de ciencia ficción; ciudades en las que los individuos se comportan como enemigos en vez de como se debiera entender la vecindad: la participaciónde hombres y mujeres en la vida pública se mantiene claramente desequilibrada, a favor de la parte masculina de nuestra sociedad.

Puede parecer una perogrullada pero cada vez son más las voces disconformes con los planteamientos urbanísticos que no tienen en cuenta los problemas cotidianos con los que se topan la mitad de la humanidad.El espacio construido en nuestras ciudades delimita las actividades que deberíamos realizar en ellas. El urbanismo de nuestras ciudades en vez de solucionar problemas los acrecienta con la construcción de "zonas predeterminadas para usos exclusivos". Todo esto conlleva a la ciudad de los polígonos en medio del campo: zonas residenciales, de ocio, industriales… Y todo esto ¿a dónde nos conduce? A una cantidad ingente de tiempo y energía,amen de un deterioro del medio ambiente: mayor utilización del vehículo privado, grandes inversiones en carreteras y otras infraestructuras del transporte, invasión en el campo, polución, contaminación acústica, etc., etc., sin olvidarnos de la especulación inmobiliaria.

El trabajo de cuidados y atención, trabajos que, hoy por hoy y mal que nos pese, aún realizan las mujeres en compaginación con su trabajo remunerado, socialmente no tiene valor alguno. La conciliación de las tareas domésticas y familiares y las responsabilidades profesionales sólo pueden llevarse a cabo en un entorno urbano en el que la accesibilidad y la proximidad permitan evitarlos tiempos muertos de desplazamiento. Así, esta doble jornada requiere de un diseño diferente en los horarios valle y trayectos del transporte público -el 73% de las mujeres son usuarias frente al 56% de los hombres-, en la creación de espacios multifuncionales, o unas aceras más amplias para los cochecitos o sillas de bebés. Muy a menudo, demasiado a menudo la ciudad convierte a la mujer en una disminuida física.

Los problemas que las mujeres detectan en las ciudades actuales condicionan su uso del tiempo; pongamos como ejemplo el acceso a los espacios públicos, ¿dónde están generalmente ubicados? Pues bien, se encuentran repartidos en grandes centros comerciales dispersos a los que sólo se puede acceder en vehículo propio.

Hay que repensar la ciudad. De la misma manera que se ha empezado a repensar la historia, rescatando a una mayoría olvidada, debemos, tenemos que rescatar la ciudad humanizada, más utilizada, mejorando la accesibilidad a los recursos, creando una red de equipamientos colectivos, públicos y cercanos a las viviendas, socializando las tareas domésticas como tareas colectivas,haciendo de los espacios públicos espacios de relación con nuestros iguales y vinculando la esfera privada con la pública.Irrevocablemente, debemos –por nosotras y por nuestras hijas e hijos- hacer una ciudad habitable, una ciudad humana, una ciudad equilibrada.

Nos ha parecido interesante publicar el artículo que más abajo adjuntamos para mostrar primero y meditar después lo que mujeres de otro continente están haciendo con un proyecto de vivienda.

Laotrapagina.com

HÁBITAT vivienda por mujeres

La ciudad de las mujeres

Un grupo de víctimas de la guerra decidió construir con sus propias manos sus hogares, cerca de Cartagena, donde sueñan un futuro de paz con sus hijos.

[COLOMBIA]Sentadas en círculo, varias mujeres conversan mientras en el fondose escucha la algarabía de unos 50 niños. Afuera el viento arrastra el polvo que amarilla aún más las colinas y los arbustos secos. Es mediodía y hay un sol abrasador. Pero, a pesar de la aridez de la geografía, en el recinto impera un optimismo conmovedor. Las madres y sus hijos están en el centro multifuncional, el área social de 'La ciudad de las mujeres', un proyecto de vivienda que se construye en El Talón, un lugar del municipio de Turbaco a 11 kilómetros de Cartagena.

Ellas están en la pausa del almuerzo colectivo. Desde aquí divisan el conjunto de 98 casas que se levantan en seis manzanas allá abajo. Cada vivienda tiene 78 metros cuadrados. Unas son de color vinotinto y otras verdes. Aunque son modestas, su diseño es acogedor: cada una cuenta con dos habitaciones, sala, cocina, baño y patio de ropas. Sus propietarias han dejado en ellas la vida misma.

El pasado de cada una es una pintura del horror de la violencia en

Colombia. Unas son víctimas de los paramilitares, otras, de la guerrilla, y otras, de las fuerzas de seguridad del Estado. Las lágrimas son inevitables cuando alguna de ellas narra su historia. Las otras la abrazan porque nadie como ellas entiende semejante dolor.

Por ejemplo, la doble viudez de Maritza Marimón Arrieta, 43 años y madre de tres hijos. Ella nació, creció y se enamoró por vez primera en El Bagre (Antioquia). Su hombre se llamaba Gustavo Durango, quien trabajaba en una mina de oro mientras ella cuidaba a los tres hijos. En junio de 1996 llegaron los paramilitares y lo asesinaron sin saber por qué. Luego ella se enteró de la razón: él tenía un primo lejano que se había ido para la guerrilla. Maritza no soportó seguir viendo, día tras día, la imagen de su esposo ensangrentado y tirado en la carretera, frente a su casita, y huyó.

Caminó hasta la costa caribe. Pasó el tiempo y conoció a Leonardo Flores Castañeda. Fue su segundo amor. Hace dos años irrumpió en su morada un grupo de hombres armados y encapuchados. Por más que ella les suplicó que no lo hicieran, violaron a su hija y fusilaron a Leonardo. Entonces comenzó su peregrinaje por Cartagena, donde conoció la Liga de Mujeres Desplazadas, fundada por la abogada Patricia Guerrero.

Trabó amistad con ella, recibió abrigo y escuchó de sus propios labios su sueño de entonces: construir una ciudadela para las mujeres víctimas de la guerra. 'Será un lugar lleno de dignidad', le prometió.

Las lágrimas de Maritza se disipan y vuelve a sonreír. Junto a ella está Ana María Zamora, de 56 años y madre de cuatro hijos. Llegó desplazada desde San Eduardo, en límites de Boyacá y Casanare. Está radiante porque una de esas casas le pertenece. Recuerda que cuando Patricia Guerrero llegó hace tres años aquí a buscar el terreno, creía que todo sería una quimera.

Pero la abogada venía de estudiar en la Universidad de Columbia y llegaba con una vitalidad arrasadora. Su estancia en Estados Unidos le sirvió para cristalizar varios contactos con figuras del Partido Demócrata que le sirvieron de puente para conseguir las primeras donaciones. Con la cuota inicial se movió por otros países hasta tener el 52 por ciento de lo que creía costaría cada vivienda. Luego postuló el proyecto para que sus integrantes recibieran subsidios familiares de vivienda de interés social con el gobierno, mediante el cual obtuvieron otro 46 por ciento.

Logró además que le aprobaran el proyecto, cuyo costo inicial fue de 1.000 millones de pesos. Empeñó su palabra de que cada mujer con su propio trabajo se haría cargo del 2 por ciento restante. Y así fue.

Buscaron, por ejemplo, una firma constructora que les comprara los ladrillos que ellas harían con sus propias manos. De esta manera, montaron una fábrica artesanal: un ladrillo para sus casas y otro para la venta. Como el dinero no daba, las mujeres se ofrecieron a adecuar el terreno donde levantaron las cuadras, luego a cavarlos cimientos de cada casa, a hacer la mezcla y, finalmente,pintarlas con colores llenos de vida y de esperanza.

La obra avanzaba pero a principios del año pasado, dos hechos las atormentaban: la falta de agua y el acoso de los grupos armados. Entonces crearon un grupo de vigilancia para cuidar los materiales y lanzar alertas en caso de que alguna de ellas fuera agredida. En esas estaba Julio Miguel Pérez cuando unos delincuentes entraron a la ciudadela en construcción y lo mataron a machete. La intimidación siguió con un tenebroso mensaje: en varias ocasiones fueron arrojados cadáveres a los terrenos adyacentes a los proyectos productivos de las mujeres.

Pero la esposa de Julio, Simona Velásquez Ortiz, de 46 años y madre de seis hijos, se cansó de huir y prometió quedarse para siempre. Al fin y al cabo, cuando huyó con su esposo y sus hijos de San Andrés de Sotavento (Córdoba), se fijó un destino en este lugar, y la muerte de su hombre no iba a cambiar su determinación. Su voluntad de seguir hacia adelante fue seguida por las otras mujeres. Indígenas, negras, mestizas se tomaron de la mano en una sola piel y prometieron no irse jamás. Ante la firme actitud de resistencia, las amenazas disminuyeron. 'En algunas noches llegan aquí y golpean con sus machetes las casas. Yo los escuchó pero de aquí no me muevo', dice Ana María Zamora, quien ahora se encarga de la vigilancia.

El agua era la otra incertidumbre que les hacía saltar el corazón. 'Una casa sin agua no es una casa', repetía preocupada Patricia Guerrero. Sin embargo, hace una semana abrieron las llaves y, por fin, llegó el líquido vital. 'Fue uno de los días más felices de mi vida', recuerda Aura Esther Ordogoita, de 57 años y madre de siete hijos. Ella ha tenido pocos momentos de felicidad y, en cambio, sus días aciagos han sido muchos. Ella nació y vivió en El Salado (Bolívar) y es una de las sobrevivientes de la masacre perpetrada por un grupo paramilitar al mando de Salvatore Mancuso.

Ese día descuartizaron y violaron a medio centenar de personas en una orgía de sangre en la que los asesinos tocaron vallenatos y bebieron aguardiente como si se tratara de un fandango. 'Mi mamá Manuela Mena se murió ese día.

No la tocaron, pero se murió de tristeza', recuerda.

En este momento la villa se encuentra en su fase final. Muchas de ellas ya tienen las llaves. Se trata de un proyecto heroico. Por eso la Liga fue finalista del Premio Nacional de Paz, que se suma al Premio

Procomún-Eternit Luis Carlos Galán, de Derechos Humanos, y a uno más, otorgado por Sofasa-Renault.

'Estamos orgullosas por lo que hemos hecho', dice Marlenys Hurtado

Córdoba, madre de tres hijos y coordinadora nacional de la Liga de

Mujeres. 'Por el cuerpo de nosotras pasa toda la guerra y ahora miramos adelante con dignidad, en contra de la violencia y para vivir en un lugar donde por fin encontremos la paz'.

Y es que este proyecto no termina con habitar la casa. Ellas se organizaron y trajeron al Sena para que las formara en procesos productivos para tener una alternativa económica que les permita educar a sus hijos. 'Vamos a fortalecer nuestro proyecto de economía solidaria', explican.

Cada historia de estas mujeres provoca lágrimas en esta pausa del mediodía. Pero la algarabía de sus hijos, que juegan en los salones acondicionados por ellas mismas, hace olvidar muy pronto la melancolía.

Estas mujeres de hierro tienen que volver al trabajo, a hacer ladrillos, a hacer comida para vender y a estudiar. Sopla el viento pero abajo se ven nítidos los bellos frentes de cada una de sus casas, pobres pero dignas, con sus ventanas por donde sólo se mira el futuro.

FUENTE: [generourban] RIMA

http://www.generourban.org/

Publicado en: Semana.com

Fecha: Wed, 22 de Marzo de 2006, 14

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