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Lo políticamente incorrecto

Señala la autora que lo 'políticamente correcto' es una extensión del eufemismo. Una retórica cargada de eufemismos que pretende no ofender a nadie pero que, por esa misma razón, ofende y mucho debido a una carencia total en cuanto a un verdadero contenido. Las personas políticamentes correctas se consideran tolerantes pero resulta que no practican la tolerancia...

  Cuando comenzó la moda de lo políticamente correcto, todo el progrerío estaba encantado, porque al fin serían desterrados los apelativos de desprecio que habían ido engendrando el racismo, el sexismo, la xenofobia, la homofobia o la misoginia, que los diccionarios admitían como de uso común sin ponerles pega alguna. Aquel, aparentemente imparcial, "se dice de…", cubría las espaldas y las vergüenzas de sus señorías los académicos.

Después se llegaron a excesos realmente ridículos en el lenguaje, pero en el fondo se trataba de poner las cosas en su sitio, se trataba de una reivindicación igualitaria entre los seres humanos sin discriminación por sexos, razas, pueblos, religión, orientación sexual o alguna que otra peculiaridad.

Actualmente, hemos pasado de la corrección en el lenguaje a la perversa corrección en lo político, una corrección que nos impide rebelarnos, denunciar o criticar abiertamente los extraños consensos de la clase política. Esos rigodones diplomáticos que no permiten denunciar a los sátrapas, generalotes, monarcas o jefes de gobierno que oprimen, sangran o mantienen hambrientos a sus pueblos al tiempo que ocupan orondos sus asientos en Naciones Unidas como uno más, cuando sabemos que han destripado literalmente a sus enemigos o se han comido sus genitales.  Cuando sabemos de su opulencia y sus cuentas en Suiza.

Lo políticamente correcto nos obliga a tener que aguantar la paranoia generalizada contra un "terrorismo" real e inventado para controlar y conculcar nuestros derechos, por los que hemos luchado durante cientos de años, para obedecer las consignas del "cesar imperator". ¿Cómo es posible que esta corrección-anestesia nos deje impasibles ante un titular como el de: "El gobierno dará seis meses para identificar a los dueños de tarjetas prepago de móvil"? La última vez que una compañía me ofreciócambiar de prepago a contrato me dijo: "Sabemos todas sus llamadas, los mensajes que recibe y de quién los recibe, le puedo decir hasta el último que usted ha escrito…, lo único que no sabemos es su nombre". Si tenía alguna duda, se me despejó en el instante: "Muchas gracias, pero me reservo el derecho a que no sepan mi nombre".

No es más que un pequeño ejemplo de vida cotidiana, pero el ambiente empieza a ser alarmante. Hoy mismo, 29 de septiembre de 2006, escribe Soledad Gallego-Díaz en EL PAÍS: "Resulta sorprendente la facilidad con la que estamos dispuestos a enredarnos en cuestiones intrascendentes mientras pasan por delante de nuestros ojos, a un ritmo infernal, cambios enormes, sobre los que no podemos ni chistar (…) Que nadie crea que el espacio que estamos recorriendo hacia atrás se recuperará fácilmente".

Cuando este último verano se montó el cirio de las caricaturas de Mahoma, sólo la diputada holandesa de origen somalí, Ayaan Iris Alí, disidente del islam, se atrevió a comenzar su intervención en un foro que se montó al respecto con estas palabras: "Estoy aquí para defender el derecho a ofender." Ofendió tanto con su verdad desnuda que ha sido expulsada de su país de acogida, que prefiere congraciarse con los ulemas para que se la sigan cogiendo con papel de fumar. Y nosotras, las feministas, nos hemos quedado catatónicas, que es nuestro estado habitual ante realidades que no sean propiamente "femeninas". ¡Craso error! Craso error que pagaremos.

Ahora estamos en plena crisis de "Idomeneo". Pero hemos dado un paso más: antes de que sus santidades los ulemas monten otro "dies irae" o día de la ira,la directora del teatro en cuestión ha prohibido su representación. De málaga a malagón. No nos estamos dando cuenta del peligro que corremos, del peligro que corre la libertad, palabra sagrada donde las haya. ¿No sabían que los musulmanes españoles, sobre todo los conversos, están reivindicando la poligamia como un derecho propio de su religión? El estúpido consenso de la clase política por los hechos diferenciales, sean cuales sean, nos pueden meter en un laberinto de difícil salida.Su eterno congraciarse con Marruecos me temo que pueda llevarles a cualquier concesión.

Son ejemplos, pero donde voy es a reclamar nuestro derecho a lo políticamente incorrecto, que consiste en un pensamiento y una opinión críticas respecto a los extraños consensos de la clase política, a la que no podemos conceder, por el hecho de que sea de "izquierdas", más aberraciones en lo económico, lo cultural, lo educativo, lo urbanístico o los dislates en nombre del desarrollo y la modernidad. Seamos, por favor, políticamente incorrectas, y honestamente libres.

Todo este rollo es porque estoy contemplando con estupor que el movimiento feminista se parece ya más a "la buena Juanita" que a Mafalda, que a Olimpia de Gouges, que e Emma Goldman, que a Lou Salomé, que a Rosa Luxemburgo, que a Clara Campoamor, que a tantas y tantas mujeres rebeldes, a las que celebramos y recordamos, pero no emulamos. Hoy serían muy políticamente incorrectas.

VICTORIA SENDÓN DE LEÓN

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Miércoles 29 de marzo de 2017 - 05:22