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En memoria de Campoamor

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El próximo 19 de diciembre se cumplen 75 años de que las mujeres conseguimos el derecho al voto en España y, el 1 de octubre de 1931, Clara Campoamor pronunciaba ante las Cortes: "… ¿cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?..."

 

En estos momentos de enardecimiento feminista provocado con motivo del 75º Aniversario de la consecución del voto femenino gracias a la diputada progresista Clara Campoamor, se observan toscos intentos de protagonizar una antiquísima reivindicación que rozan por momentos la demagogia más persuasiva y al tiempo irrisoria, de forma que encontramos mujeres que se dedican a la política subidas a la palestra dando lecciones de feminismo en las que, dicho sea de paso, el rigor y la sensibilidad brillan por su ausencia.

Y es que aprovechar los micrófonos en una conmemoración histórica ante una amplio y nutrido público femenino para propagar ideas superficiales y frívolas sobre las viejas reivindicaciones del colectivo, autoproclamándose adalides de la justicia social, perjudica gravemente la imagen de estas otras.

Parece fácil reconocer la labor encomiable de Campoamor como propulsora del voto femenino, parlamentaria –en 1931 sólo había dos diputadas en el Congreso, Clara, diputada radical, y Victoria Kent- y feminista consagrada. Pero resulta grotesco y extravagante que las mujeres políticas acaben por sucumbir a los intereses de su partido aprovechando la coyuntura para equiparar el apoyo que recibió en las Cortes la propuesta de Campoamor por parte del Partido Socialista y la reforma estatutaria que lidera el mismo partido actualmente en Andalucía. Así, para las feministas políticas, o políticamente feministas, el nuevo estatuto de autonomía para Andalucía otorgará amplios privilegios a las mujeres e impulsará la conquista de la mujer hacia las esferas de poder en lo público y en lo privado hasta alcanzar la paridad, el 50 por ciento que somos y que no representamos.

Estas afirmaciones me producen cierta desazón, no sólo por mi admiración hacia la que fuese y es símbolo de la lucha de la mujer, Clara Campoamor, y por la simplificación que se hace en su recuerdo, sino también por las demandas que no se incluyen en esa reforma estatutaria y que, por tanto, estas mujeres políticas olvidan, relegándolas hasta no se sabe cuando, como son la irrupción en los consejos de administración de las grandes empresas, en los centros económicos y financieros, así como en la tarea de codirigir el mundo. De forma que adoptan, en mi opinión, una actitud partidista más propia de Victoria Kent quien, recordemos de paso, interpuso los intereses republicanos a sus ideas democráticas,siguiendo la disciplina de su partido al manifestar su convicción de que la mujer española de la época carecía de la mínima preparación social y política para ejercer su derecho a voto responsablemente y, que por influencia de la Iglesia, sería un voto conservador en detrimento de los intereses de las izquierdas.

Lo que vengo a decir con todo ello es que se echa en falta mayor honestidad cuando hablamos de un asunto de tal calado social, verbigracia, hay tres mujeres por cada cien hombres en los consejos de administración de las empresas, así como debemos asumir lo ya conseguido –que no olvidarlo-, lleve un color u otro, y reivindicar lo que aún se nos debe en aras de nuestra ansiada paridad, siempre en memoria de Clara Campoamor.

 

Cristina Sánchez

 Periodista

 

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Domingo 17 de diciembre de 2017 - 09:19