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Noticia del Viernes 10 de agosto de 2012
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NO SOMOS DIGNOS. A propósito del Encuentro Feminista a realizarse en noviembre de 2012

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NO SOMOS DIGNOS. A propósito del Encuentro Feminista a realizarse en noviembre de 2012

No hay peor feminismo que el que no quiere ser interpelado, ese que se defiende de cada pregunta como si fuera una cuchillada trapera o un atentado contra la pureza de una tradición que desde sus inicios -es fundamental recordarlo- ha estallado en conflictos y se ha sentido traicionada.

Hablo de ese feminismo que levanta sobre nuestras cabezas de manera irreflexiva y violenta la bandera de la mujer, buscando solidaridades acérrimas con un signo que cada vez más se cae a pedazos, se quiebra y se vacía de antiguos significados.

Hablo, de ese feminismo que supuestamente nos incluye a todas al decir “nosotras las mujeres feministas”, pero que finalmente con ese solo gesto agrede a las propias personas interpeladas, normalizando las identidades, anulando sus luchas y perpetuando los mismos mecanismos de violencia que dice ha venido a derribar.

Hablo de ese feminismo que purifica sus filas a golpe de gritos y portazos, de “me retiro indignada”, o del uso la memoria como barrera divisoria que pone a un lado a las mujeres que han entregado una vida al feminismo y del otro a aquellas que llegan tarde, simplemente porque no han vivido lo mismo, porque son más jóvenes o porque sus recorridos han sido distintos.

Hablo de ese feminismo que pide credenciales de acceso, que realiza pruebas de autenticidad y revisa los documentos de quienes se interesan en participar de sus espacios, intentan interpelarlo o buscan hacerse parte de sus filas. Hablo, de ese feminismo de la mujer a ultranza, que así como no acepta en sus espacios a hombres que se definan feministas, tampoco permite el ingreso de las personas trans, de lxs renunciadxs o de quienes disienten o dudan frente al género.

Cae sobre nuestras espaldas la pesada carga de la sospecha y el rumor de lo peligroso, porque nuestro feminismo no ha surgido de la experiencia de aquellas que antes han levantado su bandera. Atentamos contra las sensibilidades feministas más delicadas y recalcitrantes, porque nuestro feminismo no viene siempre precedido de las mismas violencias que han aquejado a ellas.

Nuestras experiencias surgen desde una multiplicidad de márgenes ligados a la construcción identitaria, las imposiciones de género, la heterosexualidad obligatoria y las normas que castigan los deseos sobrepasan la barrera de lo aceptado.

No hemos escapado a la tortura, ni nos hemos reconocido en la imagen de otras mujeres. El nuestro no es un feminismo que busca liberarse de las garras del hombre asesino y maltratador o de un sistema que menosprecia a las mujeres solo por el hecho de ser mujeres. Lo que nos constituye feministas es la lucha contra las hegemonías y las normas. Nuestra inconformidad con un sistema perverso que reproduce sus injusticias aquí, allá y en cada rincón del mundo.

Nuestro feminismo nace de estar cansadas, pero de no querer bajar los brazos. Surge de la incomodidad, de la rebeldía, de la añoranza de un espacio al margen de las lógicas de lo nombrado y de las categorías tradicionales que nos dividen.

Buscamos construir un espacio de dialogo que permita revisar las lógicas opresoras de ese mismo signo mujer que supuestamente ha venido a liberarnos, pero por el cual pagamos el elevadísimo costo de la reproducción sistemática de una violencia silenciada que se extiende sobre aquellos que no se ajustan a sus cánones.

Nos reconocemos feministas no porque vengamos a rescatar a la mujer ni a levantarla como nuestro sujeto de lucha política. Muy por el contrario, hemos venido a destruirla, a denunciar sus falacias. Hemos venido a poner a la mujer - signo nefasto- bajo el foco atento de quien estudia algo que ya parece haber muerto.

 

PorPanchiba  (Francisca Barrientos. Estudiante de Magíster en Historia, U. de Chile)

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